Una esfera llena de luz de aspecto rocoso volcánica tal
cual roca de las profundidades de la tierra, tan agrietada como caliente, tan
abrasiva como el ímpetu del sol, y en las grietas de la misma se encuentra lava
que no es de color normal más bien es de un azul casi celeste queriendo imitar
el firmamento. Evidentemente es lazada a una velocidad que solo podría ser
adquirida si fuese tirada por una fuerza descomunal dejando restos de esa lava
azul caliente, quemando todo lo que se encuentra a su paso en el suelo,
huelleando con contundencia el terreno que con mucho esfuerzo a penas se logra
ver. Tal cosa no podría provenir de fuerzas naturales o de azares accidentales, sino que proviene
de un ser que posee fortaleza tan grande como para ejecutar dicha hazaña sin el
más mínimo esfuerzo.
De golpe astilloso es colisionada la esfera en la ladera
de un cañón quedando despedazado, dejando un cráter enorme al mismo tiempo que
salpica de esa materia extraña sus alrededores, incinerando todo a su caída.
Dicho escenario no se puede apreciar en su totalidad, su ubicación o reseña
geográfica esta fuera del alcance, puesto que la vista a este espectáculo se
torna borrosa y alucinógena. Una silueta de gran tamaño se va perdiendo de
vista a la distancia lográndose apreciar solamente una luz del mismo color del
fluido que poseía el interior de la roca lanzada. Azul casi celeste es la característica
principal de la luz que rodea el contorno de este ser tan desproporcional respecto
a la simple humanidad de cualquiera. A larga distancia fuera del alcance de la
vista las proporciones no se pueden confundir siendo ya casi ilusionarío lo
perceptible no puede dar otra idea de lo que representa… un ser sin raciocinio
poderoso y con furia dentro de sí.
Nuestro protagonista despierta.
–Larius: ¡No puede ser! ¿Que fue este sueño tan extraño? Juraría
que lo sentí real creo que, que… ¡No, solo es parte de un sueño! Pero si pude
sentirme en…. ¡Auch, que hambre! ayer me afecto no cenar ¡eso debe haber sido!
Me levantaré para preparar un enorme desayuno, pero… ¿porque este sentimiento
de desesperación? –Dijo sudado, ya empapado por ello– uf Espero Jonás aun este dormido no quiero que me moleste
tan temprano, es un martirio escuchar regaños a estas horas. –de inmediato se escuchó un aventón de
puerta y detrás de ello una sombra veloz irrumpiendo en la habitación.
–Larius: por
todos los cielos ¡eres tú! –sintió en ese momentos que el corazón
se le empequeñecía al tamaño de una nuez del enorme susto.
– Ariela: ¡heeeeermano bello buen día! ¿Cómo amaneciste? Revisé la
cocina y me di cuenta que se te olvidó cenar ayer ¿estás bien? ¿Porque no has
comido? ¿Por qué estas sudado? –Dijo
intrigada con los ojos muy abiertos– ¿dime acasos estas preocupado? ¿Enfermo? Oh cielos… no…
me… digas… que… estas… enamo…
–Larius: ¡una vez más por todos los cielos! ¡Qué te pasa por la mente Ariela! ¡Estas
quedando mal de la cabeza! –le
grito ya sofocado el chico–
¿si fuese así crees que te lo diría?
¡¿Dime crees que haría tal cosa?! Déjame en paz por lo menos respeta mi sueño
¡mira que es sagrado para mí! –ella
movía sus cabellos de un lado al otro como si danzara con alguna canción
imaginaria.
–Ariela: despreocúpate hermanito bello no es necesario que me lo
digas jejeje –dijo muy agraciada en ella misma– si eso pasara estoy segura que sin que me dijeses me daría
cuenta. Aunque no me creas –dijo sentándose al filo de la cama
lentamente con cara tenebrosa– muchas veces para mí eres como un libro abierto y…
me declaro culpable por amar de principio a fin a este bello libro que eres tú
y tu esplendida historia. ¡Tú eres el más lindo hermano que jamás habría
pensado tener! –termino
casi gritando con una enorme cara de felicidad.
–Larius: Si, si ya entendí no estés de cursi tan temprano. Y
tranquila ahora mismo me preparo un enorme desayuno. Tengo mucha hambre –aparto la sabana que quedo debajo de
Ariela cuando ella se sentó casi dejándola caer– hasta alucine a raíz de no comer. Tuve un sueño extraño
donde… mmm mejor olvídalo me muero de hambre; buscaré que hacer y por favor
toca la puerta antes de entrar. –dijo bostezando a mas no poder al
mismo tiempo que se restregaba los ojos.
–Ariela: Está bien… no me digas nada quedemos en que simplemente no
te dio hambre –dijo haciendo pucheros y levantándose
de la cama de su hermano como si hubiese sido regañada grotescamente– ya casi no me cuentas ni platicas tus cosas como antes.
Ojala algún día vuelvas a tenerme confianza
–firmemente con los brazos cruzados y casi pataleando el
suelo vocifero–
y mil disculpas es que no dejaste
cerrada la puerta –calló por unos instantes observando a
su hermano que la veía fijamente, prosiguiendo al instante– No te preocupes ya está listo el desayuno –calladita
muy bajito dijo–
Desde que noté que no comiste (porque
estaba tu plato lleno de la cena) te lo prepare. Además te deje algunas
frutitas –musito sin subir el rostro– así que no comerás algo amanecido de ayer, ¡lo que hay es
rica comida recién hecha para mi
hermanito lindo! –sonriendo una vez más vocifero con alegría yéndose de la
habitación trotando.
–Larius:
que fastidio por fin se fue –dicho
esto se voltio boca abajo y permaneció por unos minutos más en su cama.
Pronto el chico bajo a la cocina con una cara feliz y
sonriente, se sentó a la mesa, bostezo otra vez, y luego que su hermana
repartió la comida (una deliciosa comida y abundante) éste la miró fijamente
(por supuesto que a su hermana) mientras no se daba cuenta y dio gracias por
tener una hermana como ella aunque muchas veces no la soportaba por su exceso
de cariño, aun con todo ello no dejaba de ser su hermana menor y esto hasta
cierto punto le daba una pequeña libertad.
–Larius:
Es sin una buena hermana es grato a veces tenerla pero obvio jamás se lo diré
¿quién la aguantaría? no sé qué pasaría si ella dejase de estar en mi vida.
Bueno también no sé qué es lo que he hecho para que me quiera tanto. Sin contar
toooodas las veces que más bien la alejo y, la repelo (claro sin buenos
resultados) ella sigue siendo la misma tierna y amigable. Es tan reconfortante
tenerla cerca en momentos como estos. –Pensó el mientras comía, en silencio.
Terminado el desayuno se levantó como era de costumbre a
subirse un rato al gran árbol que tenían detrás de su casa desde donde (como en
la roca de Krom) siempre disfrutaba sentir el aire en su cara, siendo para él
un verdadero refrescante para sus ideas. Era muy extraño el gran gusto que
sentía por las alturas, por el aire y
por la vista hacia el cielo. Para él era como vivir un sueño en la realidad. En
él muchacho había un particular placer por la inmensidad del cielo y todo lo
que en su mente imaginaba que pudiera existir más allá de ese inmenso azul.
–Jonás: ¿Larius qué haces haya arriba? ¿No crees que te pueda dar
una indigestión? Ven necesito que me ayudes a hacer unas cosas. Baja ahora
mismo mira que aún me tienes con un enorme descontento y si no obedeces te ira
mal, muy mal. –dijo
saliendo de golpe por la puerta trasera su hermano.
–Larius: Está bien ¡ya, ya, Ya voy!
No es necesario que amenaces. Mira que desde aquí no me puedes hacer
nada y por mi pasaría tres días seguidos sentado en este lugar.
–Jonás: bien sabes que si puedo hacer muchas cosas a distancia así
que no me tientes ¡porque si no tu suerte podría cambiar drásticamente en unos
instantes! –Con
cara fruncida y muy enojada respondió su hermano.
–Larius: Ya te dije que si me sigues amenazando no bajare, pero
tranquilo Jonás no seas tan enojón. Solo te decía esto para hacerte saber que
te voy ayudar, ya estoy bajando no te amargues más. –Le dijo mientras bajaba
apresuradamente de aquel enorme árbol.
Sin previo aviso a la sorpresa de Larius una corriente de
aire agresiva azoto al gran árbol. Una ventisca de proporciones ciclónicas
apareció. Las ramas del árbol se daban vueltas de un lado a otro. Las más secas
se quebraban desprendiéndose y cayendo lentamente antes los ojos de Larius,
ocurriendo así tal vez por la culpa de la resistencia de este fuerte viento, lo
que obviaba más el extraño comportamiento de estos aires. Larius agarrado de
una de las ramas se moría del miedo aterrado de la sola idea de caer y morir en
el suelo de los terrenos de su casa. En un momento determinado la desesperación
llego a su clímax. En el pecho Larius sentía como atrozmente era golpeado su
corazón por el incesante bombeo que le quemaba las entrañas pero solo podía
mantenerse a firme mientras su hermano llegaba en su ayuda.
–Larius: ¡heyyy! ¡Ayúdame me caigo no soportare más! ¡No tengo más
fuerza y este viento no cede! ¡Ven pronto! ¡Por favor! ¡Jonás!
Inexplicablemente Jonás no hacía nada por ayudarlo, más
bien en la mirada de él se notaba paciencia, con una tranquilidad inerte como
esperando a que algo sucediese, ya que expectante no apartaba la vista de su
hermano. En él no había temor, no había desesperación, solo había un
sentimiento de placer que daría miedo a cualquiera al percatarse de ello, de lo que sentía él viendo como su hermano
estaba a punto de soltarse directo a una muerte segura. De repente la puerta
trasera del hogar fue golpeada con fuerza al abrirse y salió de su interior
Ariela corriendo alocadamente llorando por lo que sus ojos y oídos estaban
viendo y escuchando.
–Ariela: ¡¿Jonás que sucede aquí dime?! ¿Qué pasa por que grita
Larius? ¿Vamos dime qué está sucediendo aquí Jonás? ¡Habla ya, o has algo! –De inmediato voltio a ver hacia el
árbol de donde colgaba Larius que se aferraba a la rama pero que poco a poco
los dedos se les iban soltando hasta que ya no pudo más.
Luego el cuerpo de su hermano cayendo lentamente fue lo
que vio al desplomarse por haberse soltado de la rama a la cual estaba
abrazado. Para Larius todo fue oscureciéndose y turbándose. Sus sentidos se
entumecieron, sentía que su alrededor cambiaba y todo parecía moverse
lentamente mientras este caía del árbol. Al parecer su cuerpo estaba siendo
aturdido por algo desde su interior, tal vez por ese intenso ardor en el pecho
que sentía proveniente de su corazón. La última vista de Larius fue la mezcla
entre la copa del árbol con el inmenso cielo que tanto apreciaba, ya que luego
de esto su conciencia se apagó.
Pasado unos minutos luego de dicho momento se encuentra
Jonás y Ariela dentro en la habitación de Larius...
–Jonás: Está despertando, Shhh aún no digas nada Ariela. Ya sabes
yo lo dejare en paz por un tiempo si haces esto. –Le decía Jonás a su hermana menor
mientras aun nuestro joven estaba abriendo los ojos y recobrando la conciencia,
pero para él no había sido claro lo que escucho.
–Ariela: ¿Hermanito cómo te encuentras? ¿Estás bien? ¿Te sientes
mal? –estaban tan desconcertada la joven. En ella se podía
apreciar un sentir de preocupación como cuando se pierde algo que no volverás a
encontrar, porque se ha perdido para siempre.
–Larius: ¿No? ¡No! ¿Que fue? ¡No sé qué paso! ¿Me fracture algo? –Turbado articulaba frases sin sentido– Qué bueno aun
siento mis piernas, pero me siento bueno no sé, me da vuelta todo en la cabeza
¿Caí de cabeza? ¿El árbol donde esta? ¿No se fue? ¿El árbol? El árbol… –Dijo
creyendo que al árbol le habían salido pies.
–Ariela: hermanito lindo… es tan grato saber que has caído bien. No
sabemos porque no te fracturaste nada. Cuando caíste distes vuelta cerca del
tronco del árbol y al parecer esto de alguna forma extraña ha amortiguado un
poco tu caída ¿Qué bueno verdad? Además Jonás pudo agarrarte escasamente en el
final de tu rodada –una gota de sudor rodaba por su
frente.
Ariela hablaba a su hermano sin poder disimular que
ocultaba algo, pero como Larius aún estaba muy atontado, al despertarse éste no
le tomo tanta importancia. Mirándola cerró los ojos y se desmayó nuevamente. El
joven no había podido percatar de que algo les estaban ocultando o por el
momento de su estado no lo iba a hacer.Se vieron a los
ojos Jonás y Ariela cubriéndose de una capa de angustia el rostro de ella porque
por lo visto Jonás yacía en plena relajación.
Ya en la tarde cuando Larius despertó lo primero que
hizo fue buscar a Jonás. En el joven
Larius comenzó a aparecer un sentimiento de duda respecto a lo que había
sucedido. Tenía la vaga idea de que Jonás
lo había provocado pero era muy cruel pensar en eso. Así que elimino
inmediatamente cualquier raciocinio de ello. Él sabía que su hermano era muy
duro, cerrado y terco pero jamás había atentado contra la vida de nadie en esa
casa. Luego de recorrer por unos minutos su hogar encontró a Jonás.
–Larius: Jonás discúlpame de verdad que te iba a ayudar pero paso
esto. ¿Dime si aun en algo puedo servirte?
–aun sentía un poco de mareo dentro de sí, pero para Larius
era mejor mantener a mecate corto los regaños de su hermano, que rescatar una
mejoría completa.
–Jonás: No, mantente tranquilo ya hice todo lo que iba a hacer
esto fue un improvisto. No estaba planificado, ya mañana veremos en que me
puedes ayudar. Tienes mucho tiempo libre ahora que estas de vacaciones. Tenemos
que cuidar de las bestias puesto que las crías están creciendo y será el tiempo
de poder venderlas. Así que sube y busca como recuperarte por completo.
– Larius: Es-está bien desde la mañana te
ayudare descuida. –Le contesto de inmediato– “Que extraño que no
me diga que no vuelva a subir al árbol, pero bueno “Que esto quede entre mis
pensamientos y yo, además adoro subirme a ese árbol y sería un pleito constante
entre hacerlo y no. –No
se lo podía creer, su hermano nunca se hubiese comportado así antes, tan amable
después de tal descuido–
ahora no sé porque tengo tan negras
la uñas, pareciera como si estuvieran llenas de hollín –se dijo al verse las manos tan sucias
como las de un obrero en las minas de carbón–. Al parecer es como algo quemado pero
no he tocado brazas ni nada por el estilo, que extraño…. Y, solo es en la mano
derecha. Bueno habrá de ser cuando caí. Tal vez alguna piedra quemada o algo
así me ocasiono esto… pero no tiene sentid, ya dejare de pensar tonterías. Pero
como sea no encuentro otra explicación ¿Qué habrá sido?
Desde ahora tendré que andar con cuidado, no sé por qué,
pero siento que actúan algo fuera de lo común ¿o solo serán ideas mías? ¡Qué
va!”. –Pensó Larius mientras salía de su
rostro una sonrisa a medias.
–Ariela: ¿Hermanito adónde vas?
–Dijo la niña al percatarse de que su hermano estaba
merodeando la casa en dirección hacia la puerta de atrás.
–Larius: Afuera a tomar aire fresco ¿por qué? ¿Necesitas algo
Ariela? ¿Quieres que te ayude en hacer algo en específico? Pero que no sea algo
pesado. –dijo sin ánimos.
–Ariela: te ruego que no salgas por favor te acabas de levantar y
no sabemos que te pudo haber pasado, tal vez tendrás alguna secuela de la
caída. ¡No! Te dije que no salgas. ¡Has caso Larius por favor! –Exclamo
mientras él salía por la puerta haciendo caso omiso.
–Larius: ¿Pero porque? Si estoy bien solo quería echarle un vistazo
a la rama que se romp… ¡Wooooow! ¿Qué paso aquí? ¿Qué le paso al árbol porque
está quemado? ¿Porque tiene esa gran grieta en él? ¡Ariela dime que paso! acaso
eso se hizo por…. –la
vista era sorprendente. El árbol casi estaba partido por la mitad de arriba
hacia abajo.
–Ariela: Pues nada, es que cuando estabas dormido quiso llover.
Parecía que se avecinaba una tormenta, pero al final no llovió solo un rayo
cayó en el árbol. Jonás y yo nos asustamos mucho, sin embargo al mismo tiempo
pensé que se lo merecía ese árbol por quebrarse antes de que te bajaras. ¡Jum!
–Larius: No seas loca no hagas pucheros cuando hables. Ya tú estás
grandecita para ello, además la culpa la tuve yo por subirme y ser descuidado.
Pobre del árbol que bueno que no se quemó tanto. Solo una grieta que por cierto
más bien parece rasguño no señas de un rayo. Hoy definitivamente ha sido un día
meramente extraño. –Tantas
cosas pasaban sin saber del porqué. Definitivamente no era su día por que hasta
uno de sus lugares favoritos casi se había destruido.
–Ariela: Bueno hermanito ¿Ya comiste? Jeje Seguís alucinando o
seguís aturdido nada de arañazo ni que hubiera un gato o león de ese tamaño
para dejar tal marca, o por lo menos ningún ser parecido a ese ha venido por
aquí.
–Larius: Tienes razón Ariela algún fenómeno que modifico la
contextura de la corteza del árbol ¿verdad? ¿O será que el árbol cobro vida
inteligente? Eso habrá sido para que se diese las condiciones de dicha marca,
mínimo el mismo se arañó lo que por casualidad podría ser el pecho de él. –punzantemente hablo mirándola con el
rostro serio y sospechoso.
–Ariela: ¡Eso es! Mi hermano el genio así mismito ha de haber
pasado ¿que sabemos? ¿No será que es un
árbol como los de los bosques sagrados?
Ahora olvidemos eso así dejemos las cosas y ya no hablemos de ese
bendito árbol que casi te mata ¿Está bien? No tienes que desconfiar de mi
palabra. –ambos se sentaron en el amplio
comedor del hogar, al haber entrado nuevamente a la casa.
–Larius: Está bien hermana ya no hablaremos de eso porque sé que
fue un mal susto para ti –Aun molesto estaba pero más calmo se puso– y creo o supongo
que hay una mínima posibilidad de que también para Jonás, pero como ya te
imaginaras lo digo a tientas.
Había una enorme factura sentimental por el mal trato de
Jonás hacia sus hermanos que era evidente. En ocasiones se sentían como en la guardia del reino; inclusive pensaban que
allí eran más amables o por lo menos daban un mejor trato del que Jonás les
ofrecía. Desde temprana edad había sido algo sin importancia para su hermana y
el pero poco a poco ello iba cambiando. Larius sentía con mayor tristeza el ser
tratado de esa manera por su hermano, ya que como una gota constante Jonás iba
erosionado su tranquilidad y su paz interior. Irónicamente para Larius Jonás
era como su principal figura algo que admiraba contrariamente sin razón.
–Larius: El día de hoy no tiene sentido esta sin explicación y las
que me han dado pues dejan mucho que hablar, ¿además Ariela, Jonás asustado por
mí? ¿En qué mundo pasa eso? –Dijo
hablando consigo mismo– Debo de averiguar qué es lo que tratan de esconderme.
Pensó detenidamente mientras mantenía su quijada con la
mano derecha sentado en el comedor. En un determinado momento se escuchó un
pequeño estruendo en el piso de arriba, un sonido peculiar no desconocido para
los chicos.
–Ariela: ¡Jonás! ¡Larius! vengan es la alondra de nuestra madre
trae un mensaje ¡Debe ser avisando que viene mañana! ¡Que felicidad mañana
viene mamá! –Exclamo alegre la pequeña mientras
esta desataba el mensaje que la avecilla traía atada en una de sus patitas pintas.
–Jonás:
Dinos que dice el bendito mensaje ¡no nos estés atrasando! –grito
con la normal cara de enojado que siempre ponía.
–Larius: ¡si Ariela dinos que se puede leer en ese dicho papel! –Gritaron los hermanos ya que Ariela
leía y no en vos alta sino para ella misma.
–Ariela: bueno se los leeré. –dijo
descontenta.
Estimados
hijos quiero contarles que estos dos días que no eh estado en casa mi estadía
ha sido sumamente agradable, ya que he estado en presencia de su tía Margaret
que me ha recibido con sumo cariño en su hogar. Como les dije que pasaría la
negociación de la venta de las bestias no se ha podido hacer fácilmente. He
estado hablando con algunos compradores, pero lamentablemente estos no han
querido ofrecer un precio justo, a pesar de esto, no he perdido las esperanzas
de que lograre obtener un buen contrato con algunos comerciantes que vienen del
lado del sur, de tierras jóvenes a como se le dice por aquí.
Estas
personas deberán estar entrando a estos lugares en unas dos semanas, por esta razón
les comunico a mi muy pesar que no llegare mañana. Me duele en el alma
cambiarles de planes, pero ya su tía me ha ofrecido hospedaje y he aceptado. No
se preocupen por mí el cuñado Erakio me está asesorando en cuanto a los cambios
de precios respecto a la temporada y raza de los animales. Espero estén
portándose bien y no estén en discusiones vanas que no llevan a nada.
Así
que Jonás, tú que eres el responsable, puesto que así te asigne ya que eres mi
hijo mayor, cuida muy bien de tus hermanos. Por favor calma ese carácter que te
caracteriza. Confió en ti sé que tú puedes lograrlo, si te lo propones.
Me
despido enviándole un gran beso a cada uno y un enorme abrazo, no sin antes
decirle a Ariela que espero se esfuerce mucho en sus estudios, también quiero
recordarle a Larius que se cambien la ropa interior todos los días y se lave
bien atrás de las orejas. Hijo siempre es el mismo problema.
Con
amor escribió su madre quien los lleva en su corazón impreso en cada rincón en el
que ande.
Terminado de leer la carta Ariela con lágrimas en los
ojos, hecho a volar al pajarillo en dirección de regreso hacia el hogar de su
tía, Larius tenía las orejas rojas y Jonás comenzó a refunfuñar una vez más.
–Jonás: tal y como pensaba. Las cosas no van bien se le ha hecho difícil
vender estas bestias a nuestra madre. Hubiese sido mejor que yo hubiera ido no
ella. Estoy seguro que a estas alturas tendría todo vendido a buen precio. –mascullo muy enojado.
–Ariela: Pero hermano ten paciencia confía en nuestra madre. No
tienes que olvidar que el buen don Erakio estará allí ayudándola. Ella se
dispuso a ser mejor comerciante no tienes por qué desconfiar. Ya verás cómo lo
logra. –Jonás no le contesto sino que dio
media vuelta y camino a su habitación.
Dicho esto los jóvenes se dispusieron en ir a dormir. La
noche había llegado muy rápidamente en el trajín del día tan extraño en la
casa. Cada uno se fue en dirección de sus respectivos dormitorios. Larga noche
le esperaba a Jonás ya que este era el más preocupado por el asunto. Ahora
tenía doble carga; sumándole el misterio que debía esconder de lo ocurrido ese
mismo día a su hermano y más días al cargo de todos ellos. Ariela era una joven
no conflictiva pero a Jonás no le gustaba estar pensando que él era el
responsable de ellos, podría decirse que esto era por la culpa de Larius que lo
sacaba de quicio tan solo con su presencia.
Afuera en los alrededores del hogar los saltamontes daban
un concierto con su cantar. La misma noche era estrellada como suele ser
normalmente en el campo, con un cielo bello no solo por las estrellas, sino
también por una de las hermosas lunas que hoy en solitario daba un brillo áureo
maravillando a la naturaleza. Desde la ventana de su recamara Ariela observaba
esta noche detenidamente. Sus pensamientos viajaban entre el aire y las
estrellas. Se podía ver en su mirada un poco de inquietud. Algo angustiaba a
esta niña, algo que definitivamente involucraba a su hermano. Su corazón estaba
inquieto por ello casi sentía salírsele sin tener vuelta atrás. Mientras tanto
Larius entraba a su cuarto acostándose y cayendo como piedra en un sueño
profundo del cual solo despertaría hasta la mañana siguiente sin
interrupciones.
Cuando hubo amanecido desde horas muy tempranas cada quien
tomo su rol en los quehaceres del hogar. Ariela termino el desayuno muy
temprano como de costumbre, teniéndolo listo y servido en el comedor. No era
obligado que ella lo hiciese ya que su madre le había enseñado a cada uno de
ellos a cocinar, pero para ella tal acto significaba uno de los placeres más
gratos que pudiesen existir. Amaba el servirles a sus hermanos y por parte de
ellos no había objeción.
Como siempre lo primero que hacia Jonás al levantarse era
disponerse a arreglar minuciosamente todo aquello que tenían que ver con el
cuido de las bestias, las cuales estaban en los corrales. Era obsesivo en el
cuido de ellas. Su afán no tenía límites cuando se trataba de darlo todo en lo
que más le gustaba, aunque cabe destacar que era lo que más le gustaba más no
lo que más amaba hacer. Para saber eso se tenía que buscar una respuesta más
profunda y aterradora.
Larius como siempre dormía hasta el último momento en que
tenían que salir hacia el corral y a las bodegas. Esto irritaba de gran forma a
Jonás, su paciencia era todos los días puesta a prueba por su hermano menor
cuando tenían que ir a dicho lugar.
–Jonás: ¡YA ES HORA QUE DESPEGUES LOS PARPADOS UNO DE OTRO SE TE
VAN A COCER! COMO ES POSIBLE QUE SEAS EL ULTIMO EN LEVANTARTE. ¡YA, YA!
¡ARRIBA!
El Grito fue como rugido de león a Larius que aun dormía
embolsado de pies a cabeza. Atónito por
escuchar dicho grito se desembolsó rápidamente como si su vida dependiese de
ello, dio media vuelta en la cama cayendo este de boca abajo como costal de
papas. Dicha caída fue una caída aparatosa, muy dolorosa desde cualquier ángulo
en que se le viera. Sin duda alguna se le inflamaría el rostro en algún lado.
–Jonás: ¡Ya te volviste a caer! Siempre es lo mismo pareces que
amas el suelo. ¿Te encanta verdad? ¿Dime te gusta darles besos? –lo miro burlescamente y de muy grave
semblante.
–Larius:
¡ya, ya! ¡Que buen Jonás! –Puso
sus manos en frente para levantarse– aparte
de asustarme y provocarme esta caída tan dolorosa te burlas de mí –dijo aun entre dormido y despierto el
chico, repuesto en pie.
–Jonás:
Está bien calma –dijo
más serio–
solo
alístate rápido, vamos para el corral. Tenemos muchas cosas que hacer.
Hoy si me ayudaras así que ni sueñes que te irás a contar ovejas. Si tenías
planes pues desáselos y guárdalos para otro día ¿Me escuchaste?
–Larius: si mi capitán –Musito
temeroso.
–Jonás: ¿Cómo me dijiste? –Espeto
de golpe.
–Larius: Que si, si te escuche
–respondió de mala manera Larius.
Al estar listo Larius luego de desayunar velozmente (ya
que era muy tarde) se pusieron en camino al corral. Tal lugar estaba a unos
cuantos metros de distancia de la casa. Era muy grande casi exageradamente. Ahí
se encontraba un sin número de bestias todas grandes muy bien cuidadas, por
supuesto que las mejor tratadas eran las hembras con crías. Estas eran el mayor
tiempo cuidadas por Jonás y su madre, a veces
también por Larius pero el siempre buscaba la forma de escabullirse y
hacer otras cosas.
–Larius: Hermano mira iré a ver a Lykaios debe estar trayendo del
campo a los machos que estaban pastando. –dijo
ya caminando en la dirección mencionada.
–Jonás: Está bien me parece buena idea. Mira llévale esto, se lo
eh preparado –saco del bolsillo de adelante del
pantalón algo envuelto de mal olor y se lo tiro a Larius.
–Larius: ¡que es esta puercada no lo pudiste hacer más asqueroso! –Dijo con cara de querer vomitar– por todos los cielos esto parece como si lo hubiese
vomitado un cerdo después de que se lo comiese descompuesto. ¡Y mira que lo
cerdos comen de todo!
–Jonás: pero de que te quejas si huele casi idéntico a tus
zapatos. Es más diría yo que deben de saber a lo mismo jajaja –inexplicablemente Jonás carcajeo.
–Larius: ¡no me causa risa! lo que pasa es que se me viven mojando
y no los pongo a secar el tiempo suficiente.
–vocifero con cierto miedo.
–Jonás: si, si lo sé, eso es porque te sudan muchos los pies al
parecer más que las axilas. Deberías cuidar más de tu aseo. –le
dijo casi sonriendo otra vez, pero el intento fue fallido.
–Larius: desde cuando eres tan chistosito hermano –musito
ya enojado con cara muy seria.
La frustración del joven llegaba a los limites más
elevados ya que inexplicablemente su hermano que desde hace mucho no se
comportaba así. Era tan raro que anduviera de buen humor. Esto hacia
terriblemente confusa la situación en la que el chico estaba pasando. Era
totalmente fuera de lugar ver así a Jonás. Un evento que se repetía cada tantos
millones de años.
Luego de esa escena amena entre hermanos Larius a como
había dicho se dispuso en ir a ver a Lykaios. Lykaios era la mascota guardián
un perro gigante, un tipo de animal especial parecido a un Husky siberiano pero
mucho más grande y robusto, pelaje café y lizo con ojos del mismo color. Este
hermoso animal era el que protegía el rebaño de cualquier depredador, no
importando si este fuera hombre, animal o cualquier otro ser, su trabajo era no
permitirle a ningún desconocido acercarse a las bestias.
–Larius: ¡hey! ¡Hey! Lykaios ven, ven acá chico ¡vamos! te traje
algo te lo manda Jonás. –aquel
animal corrió dando unas enormes zancadas lo cual hizo que en pocos segundo
tras haberle gritado el chico, el animal se le abalanzara encima de él
lamiéndolo.
Un espectáculo que a simple viste parecía como que este se tragase
a uno de sus amos.Luego que el animal se calmó Larius saco de su bolsillo
delantero de sus ropas lo que su hermano le había dado para que se lo entregara
al animal. Lykaios al instante de una bocanada se lo trago y siguió acariciando
a Larius. Definitivamente Lykaios estaba alegre por verlo y por su suculento bocadillo. Pero Larius
asquiento apartaba el hocico del animal que tenía un olor repugnante.
Al momento Larius termino de comprobar si se encontraban
en buen estado las bestias. Contó una por una a cada una de ellas buscando
heridas o muestras de alguna anomalía. Sin poder aguantarse escalo un árbol que
estaba cerca. Desde allí se podía apreciar una hermosa vista, era la vista
extensa de toda la planicie con las nubes al fondo de aquel recuadro. Era una
pintura celestial la que los ojos de Larius apreciaban.
Súbitamente comenzó a aparecer algo extraño a la vista del
chico. Aquello era algo que provenía desde muy alto en el cielo, desde las
nubes para ser más exacto y cada vez se hacía de mayor extensión acercándose
rápidamente. Cuando se pudo apreciar totalmente Larius noto que aquello tenía
forma de ave pero no era un ave cualquier. Su tamaño sobrepasaba cualquier
lógica. Sus rasgos eran los de un búho gris con ojos azules e iris negro. Era
un animal imponente, enorme, y volaba en dirección de él acercándose a tal punto
que sus alas casi rosaban a Larius.
–Larius: ¿De dónde
salió esta ave tan grande? ¿Qué querrá?
Discurrió Larius asustado de pies a cabeza mientras
trataba de bajarse lo más rápido posible del árbol. Otra vez por sus monadas
estaba en aprietos (peor aún si; no tenía quien lo ayudase) No pudo ni llegar
al suelo cuando esta ave lo tomo de las piernas y se lo llevo a los cielos. El
vuelo tan abrupto provocaba que ese momento para el fuese uno de los más
aterradores en su vida, inclusive quitando de los primeros puestos el incidente
un día antes en el árbol de su casa.
–Larius: ¡hey! ¡Suéltame! ¡No me comas por favor tengo mal sabor y
no me he bañado! –Gritaba con el corazón en la boca– ¡además tengo hongos en los pies! ¡Mal aliento! ¡Y no he
ido al baño desde ayer! –gritaba
Larius queriendo hacer que el ave lo bajase, este creyendo que el animal le iba
a entender.
En un momento el ave bajo en picada hacia el terreno
dejando al chico en el suelo (esto le fue de gran alivio hasta cierto punto).
Larius trato de incorporarse para ponerse en guardia (en su mente solo tenía la
idea de no dejarse comer por el ave) pero no se había ni medio levantado cuando
el ave se le abalanzó encima con las alas extendidas. –Este es mi fin– pensó, pero cuando se disponía a dejar el
mundo de los vivos sintió algo extraño. Sintió como si la cabeza del ave
buscase la mano de él esperando que la acariciase. En el instante esto le
confundió. ¿Eran ideas suyas? ¿O estaba loco? pero de que el ave quería que la
acariciara pues… ¡quería! aun asustado con los nervios alterados, casi inmóvil,
no sabía por qué este extraño ser se comportaba así, solo sabía que le
reconfortaba suponer que no moriría en ese lugar. Al momento el accedió a
acariciarle sus plumas y el ave hizo uno sonidos tiernos y placenteros luego la
misma criatura comenzó a acariciarlo con el pico.
Al pasar unos minutos luego de que el ave se tranquilizó
(y no estaba encima de él) dejo de acariciarlo. La vista del animal se clavó
directamente en él y se reflejó la imagen de Larius en ese par de hermosos
ojos. Era una sensación muy distinta la que sentía. Era como nostalgia por
alguien, ese alguien que en determinado punto de su vida lo hubiese conocido
pero que por alguna razona había pasado casi una eternidad sin volverlo a ver.
Posteriormente el ave miro hacia el cielo
justo cuando Larius había perdido el miedo y se disponía a querer
acercarse sin recelo… el ave alzo vuelo y como vino así mismo se fue,
perdiéndose en las nubes. Larius desesperadamente
comenzó a correr a toda prisa (porque el miedo le había vuelto). No era mucho
lo que le había alejado el ave del lugar donde lo había encontrado. Al llegar
de vuelta cerca de Lykaios para el asombro de él estaba dormido pansa arriba de
lo más tranquilo como si nada hubiese pasado.
–Larius: ¡Lykaios pero por qué no me has ayudado! ¡Estoy seguro que
vistes que me secuestraron y casi me matan pero tú! ¡Tú nada hiciste! –vocifero con todas las ganas
posibles, pero Lykaios solo voltio, lo miro, dio un gran bostezo y se volvió a
dormir.
–Larius: ¡Qué barbaridad! ¡Dejarías de ser mascota de Jonás! te
comportas igual a tu amo, pero bueno que le voy hacer. –dijo indignado por todo lo ocurrido
casi pataleando al suelo.
Cuando regreso donde su hermano no dijo nada. Estaba tan
enojado y al mismo tiempo asustado que no tenía ganas de comentar ni una sola
palabra, porqué o no le creería su hermano o sin duda alguna el daría gracias
por el susto que le había pasado.
–Jonás: ¿cómo te fue con las bestias? ¿Dime ay alguna anomalía
alguno enfermo? –le
dio Jonás limpiándose con la muñeca el sudor que le corría de la frente en los
ojos ya que estaba rajando leña cerca de los establos.
–Larius: pues, pues la verdad no hermano todo bien. Revise a varias
bestias para asegurarme que Lykaios no se estuviera equivocando al no me
llevarme ninguno. Como ya sabes el instinto de él siempre nos ayuda a averiguar
si algún animal está enfermo. En unos minutos Lykaios como de costumbre los
traerá hacia el corral para que las bestias duerman junto con él.
–Jonás: mm más te vale que ni él ni vos se hayan equivocado
¡porque si no! –cortando
con gran estruendo un grueso tronco amargo.
–Larius: si, si tranquilo no me equivoque mucho menos tu mascota.
No desconfíes de él ¿acaso no lo entrenaste bien? ¡Debería ser tu orgullo! Es
un animal muy raro ya que no es lobo ni un alunado, por algo jamás lo quisiste vender y mira que te
ofrecieron muchísimo oro a cambio.
–Jonás: eso no te incumbe es cosa mía. Métete en tus asuntos y
deja de estar en los míos, ¿acaso pedí tu opinión al respectó? ¿No verdad? O
mejor dicho no que yo recuerde –le
tiro un gran manojo de leña a Larius el cual por poco logro esquivar.
- Larius: estaba bien ya, ya no te enojes hasta
se te repinta la vena del cuello. ¿Por qué eres así? –inmediatamente Jonás lo miro con ojos
de asesino en serie–
tranquilo no me lo tienes que
responder. Bueno como sea este animal es más de mi madre que tuyo. A él le
debemos mucho. Él nos cuida y vigila a las bestias, y por eso ya desde hace varios
años ningún animal se ha perdido.
–Jonás: Es cierto nuestra madre aprecia de gran manera a este
Lykaios. Además contrario a ti hermano él se ha ganado mi respeto. Es verdad,
ahora que lo pienso bien él es más valioso que tú en la casa. Hace mucho más y
gastamos muchísimo menos en él que lo que se gasta en tu desagradable
existencia –dijo
con una cara burlesca y sarcástica.
–Larius: ¡ya vas! ¡Ves no se te puede decir nada! todo es un pleito
para ti, siempre te pasas buscando la manera de hacer chiquita a la gente. –con
cara de angustia dijo el muchacho.
–Jonás: ya cálmate parecieras que vas a llorar. Mira que eso le
luce a Ariela no a vos. No eres una niñita ¡eres un hombre! o por ahí va la
idea, así que por favor trata de ajustarte al concepto ¿sí? Ahora bien camina
vayámonos me llevare esta leña que ya hace falta en la casa.
Dicho lo último ambos se dispusieron en camino de su
hogar. Jonás llevaba un hacha ceñida a la cintura y un gran manojo de leña en
la espalda, para ser exacto en el hombro pero parte de la leña iba en la
espalda. Inmensa era la cantidad de leña por lo que Larius no se lo podía creer
y aunque no era la primera vez que apreciaba el musculoso espectáculo de su
hermano simplemente no le dejaba de impactar ni un poquito como si fuese la
primera vez que lo veía. Realmente Jonás se veía poderoso e imponente frente a
sus ojos y a él lo hacía sentir una mísera paja que se desprendía libremente
por el viento.


Esto se pone interesante... Para mi que el ave es de Jonás.
ResponderEliminarpuede que si.. pude que no jeje ya veremos fercho !!
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