"Más vale ser paciente que
valiente, más vale vencerse a uno mismo que conquistar ciudades. Si fuiste
creado no eres parte de los azares del destino, el destino no es aleatorio, no
juega a los dados. Si fuiste creado, tu creación tiene un propósito, algo específico
el cual debes cumplir.
Todo ser que yace en el universo
nació con un propósito, teniendo como obligación el cumplirlo. Quien no lo
llega a cumplir ha fallado, no solo a sí mismo sino a su creador. Cada
propósito está diseñado específicamente con las reseñas de nuestras
limitaciones y nuestras habilidades,
fortalezas y debilidades.
Solo el dueño de ese destino es capaz
de cumplirlo, nadie puede vivir tu vida, tú no puedes vivir la vida de nadie.
Nadie puede cumplir lo que está destinado a que solo tú lo hagas.
Los que llegan a cumplir ese
propósito no son los más fuertes o los más inteligentes, son los que llegaron a
esforzarse yendo hasta al límite, rozando la frontera de lo imposible hasta
poder lograrlo. Fueron los que llegaron a utilizar en su mayor expresión algo
llamado: fuerza de voluntad”
Este
fragmento se desprendía del libro
favorito de Larius, nuestro protagonista, medio adolescente. Era una lectura mezclada
de muchas emociones la que él leía, y llenaban el interior del joven. En el lugar donde estaba Larius, se imprimía
una imagen inmóvil hasta donde el viento y las nubes lo permitían. Era el
hermoso lugar llamado la roca de Krom, un cómplice de los momentos más calmados
en la vida de aquel joven. Desde hace mucho tiempo este habría sido su lugar de
encuentro donde solo su mente era testigo de sus palabras en silencio, donde desde siempre el viento jugaba
amablemente con su cabello medio ondulado de color café. Un café del cual
siempre su madre decía que de este debía sentirse orgulloso por ser herencia de
su padre.
Era
importante afirmar que pasaba horas incontables en el suelo del filo de aquel
cañón. Milagrosamente siempre en su estadía, las nubes no dejaban
que el sol arremetiera con su singular destello abrasivo, no obstante no
ocultaban totalmente al astro sino que parcialmente seccionaban su inmensidad.
La vista desde este lugar maravillaba a muchos por el hecho de tener como
escenario principal al valle Ariel, con todo su esplendor, con toda su
magnificencia insólita, hecha solo por un ser poderoso, un ser que casi nadie
hasta la fecha habría podido ver. Para muchos era un enigma la existencia o no
de tal ser, para muchos el simple hecho de pensar en ello era una falta de
cordura.
En
este día en particular una frase muy sonante del libro destrozó la tranquilidad
con la que Larius reposaba, una frase que hizo mover los cimientos más firmes y
profundos en su corazón, y en su existencia.
–¡No
sé!... No logro imaginarme cómo o de qué manera… no,… ¿cómo podría no ser lo que soy?, ¡rayos! –Gritó ahogadamente –no me
siento útil en muchas cosas, y todo lo que emprendo no resulta
¿Cómo podré completar algo que me proponga? ¡Si jamás logró ni comenzar!– sonrió al mismo tiempo que cerró los ojos sentado en la roca– ¿Cómo podría demostrarme que sí puedo? No quiero ser más así pero… solo la idea de
querer ser sobresaliente me congela del miedo, Porque sé, que jamás lo podré
lograr. Propósito –dijo con la cabeza gacha –El mío será... el de ser
inútil, esto es algo que solo yo lo puedo cumplir, –suspiro rápidamente al
mismo tiempo que cerró los ojos una vez más– no sé por qué leo este libro
tonto –tuvo las intenciones de tirarlo pero se contuvo –es mi favorito pero muchas veces no me gusta lo que trata de decirme. Le creo pero aun no me ha
convencido. –termino de decir en voz muy baja, casi inaudible–.
Sus
pensamientos eran fríos, aunque de alguna manera estaban ahogados en una tenue
alegría, sumergidos en el vasto océano del interior del joven. Su raciocinio
estaba cundido de la negra negatividad, y había días donde el simple hecho de
vivir, agotaba los ánimos de su existencia. Aun así en su lugar favorito
disfrutaba de un cálido y sobrecogedor sentimiento, del cual no sabía el
origen. No sabía de dónde provenía tal sentir pero poco le importaba. Lo
único que le interesaba era no perder esta sensación maravillosa, puesto que lo
ayudaba a simular el poder volar, encima de esta piedra… encima de su lugar
favorito, la roca de Krom.
Ya
Listo, en son de pasos casi con el cielo fundiéndose en forma de acuarela con
el sol y las nubes, Larius se levantaba, se estiraba, cerraba los ojos, daba un
gran suspiro que llenaba su pecho de aire y miraba por última vez el valle,
iluminado de plantas bellas que en la oscuridad fascinaban a cualquiera por sus
colores resplandecientes, tan hermosos como la sonrisa de un bebe, pigmentadas de
luz en sus hojas que hacían maravillar la vista. Luego partía a regañadientes
con ánimos de no regresar de donde había venido, con ánimos de quedarse por
mucho más tiempo a disfrutar. Un sueño utópico incumplido que moría al seguir
en su rumbo de regreso.
–A
veces me pregunto, preguntas sin respuesta –sonrió y dijo en voz baja– pero me intriga ¿Cómo crearán luz en la
oscuridad y para quién será esta luz? ¿Tendrá algún propósito? –Patio levemente
una piedra con su calzado –me encantaría conocer al diseñador de esto tan
sorprendente para que me explicase cómo pudo lograr tal Hazaña –sonrió
levemente, e instantáneamente se puso serio –aunque, de nada serviría. Estoy
seguro que no entendería al explicarme todas estas preguntas –dijo ya con
unos pasos dado hacia su regreso mientras sacudía el polvo de sus posaderas –la
verdad, –estiró sus brazos –No quiero hacer nada, ¿para qué? al fin estoy
gustoso con el diario vivir que me ha tocado y espero así sea de aquí hasta mi
muerte –sonrió articulando su boca de medio lado –bueno aunque hay cosas
que me gustaría eliminar.
En
un momento aligero su paso un poco más rápido de lo habitual de regreso hacia
su hogar. Su hogar se encontraba a unos cuantos kilómetros de distancia desde
la roca de Krom. En tal sitio lo esperaba su madre, su hermana y su hermano
mayor, Jonás. El camino que recorría era llamado “La vía hacia la luz” conocido
así por los viajeros que transitaban de noche y que pasaban cerca a orillas del
cañón Millo donde estaba la gran roca de Krom y por subsiguiente, de
donde se miraba el valle Ariel.
Cuando llegó a su hogar al primero que se encontró afuera fue a su hermano Jonás el
cual tenía cara de pocos amigos y el ceño casi se le partía de fruncido.
–¿se puede saber dónde has estado todo este tiempo? –Dijo Jonas de brazos cruzados –espera ya se, ¿en la tonta roca esa no? –Prosiguió con amargura –No sabes que
nuestra madre ha estado muy preocupada por ti. Eres un insensato se ha ido a su
viaje de tres días sin saber nada de tu estúpida existencia, a mi poco me
importa lo que te pase, ya sé que estabas perdiendo tu tiempo en esa piedra en
la cual siempre te mantienes. ¡Cómo te gusta preocupar a nuestra madre! ella
siempre piensa que algo malo te pueda pasar grandis…
–¡Espera no te enojes! la verdad es que si estuve allí, se me ha ido la
mente en muchas cosas junto con la noción del tiempo, discúlpame de veras no
fue mi intención preocuparla dijo avergonzado –solo que a como te dije el
tiempo se me fue en un abrir y cerrar de ojo, prometo que en cuanto vuelva me
disculpare. En serio –agregó.
–¡Mas te vale, eso espero! Ya que si no… sabrás de mala manera lo que es sufrir –rugió dándose la vuelta de tajo–.
Larius
como siempre había agachado la cabeza dándole la razón a su hermano, más en su
interior una tormenta de enojo le arrasaba. Aunque nunca ocurría nada más, ya
que la tormenta se suprimía dentro y nunca llegaba a la superficie exterior.
En
su hogar se podía apreciar, desde su exterior que era de aspecto rural pero por
dentro era una casa muy cómoda y cálida. Constaba de dos pisos y se
estructuraba de madera, era una casa demasiado grande para tres personas, lo
que en momentos facilitaba el poderse esconder como ratón en
madriguera cuando lo ameritaba. Al entrar al hogar Larius se dirigió hacia
su habitación, pero antes de poder salvaguardarse en la seguridad de su
fortaleza personal, fue interceptado con un gran lazo a su cuello por su
hermana Ariela, menor que el por solo dos años. Antes de que el la sintiese
colgada, ella había dado un gran salto de la emoción, y con los ojos tiernos e
iluminados por la figura de su hermano fue hacia él y lo abrazo. Casi idéntica era
la vista de su madre en ella. El amor por su hermano era enorme. De mil maneras
ya lo había abrazado pero aun así seguía inventado nuevas formas.
Su
hermana era una niña de 16 años, de cabello largo café oscuro, que raramente en
ocasiones cambiaba de tono en las noches de luna llena, volviéndose de un tono
más claro, algo que la hacía parecer otra persona, pero que al mismo tiempo no
confundía a los que la conocían. Su tono de piel era claro casi considerándose
blanca pero un toque acaramelado daba la impresión de sazón en ella, además era
de cuerpo esbelto y en crecimiento, típico de una adolescente. Sus ojos
eran medianos, es decir ni pequeños ni tan grandes, de color gris, los cuales
eran los imanes de muchas miradas.
Un
hermoso vestido casual de tela floreada acompañaba siempre a su cara bella con
esos labios permanentemente rosados, tan tiernos y vistosos como una fruta
recién cortada. Un estilo precioso que la caracterizaba y que a muchos del
pueblo tenían enloquecidos, y la Prueba de ello eran los constantes regalos que
llegaban a la puerta de la casa.
–¿Dónde habías estado todo este tiempo Larius? Me has hecho tanta falta
hermanito, siento que ha sido una eternidad. –exclamó haciendo pucheros en
su rostro.
–cinco horas no es una eternidad –dijo volteando los ojos –Estaba en la roca de Krom
y solo me he ido medio día.
–¿por qué no me llevaste? –Se cruzó de brazos y lo vio fijamente –Sabes que
siempre me gusta ir contigo. El camino de" La vía hacia la luz" es
maravilloso y rara vez me has llevado.
–¿siempre? – espeto sonriendo al preguntar– ¿nunca es el antónimo no?
–si –contestó ella.
–bueno
es la respuesta que ocupare siempre –carcajeo un poco fuerte y ella hizo más
pucheros –haber –le dijo reprensivamente –sabes que a mí me gusta ir solo,
seguramente te aburririas conmigo. Además me imagino que tenías muchas cosas
que hacer. Si te hubiese llevado, en algún momento antes de tiempo, me habrías
pedido que nos fuésemos, yo no habría querido irme y no te hubiese dejado ir
sola. En conclusión me hubieses arruinado la salida. –dijo sin verla al
rostro y sentándose para quitarse el calzado de pierna cruzada.
–Mmm –masculló la niña algo que no dijo –bueno, si es cierto hoy tuve mucho
estudio, porque tengo que pasar ese examen. Deseo que nuestra madre se sienta
orgullosa de saber que uno más de sus hijos ha entrado a la escuela superior,
pero si hubiese sabido habría estudiado hasta altas horas de la noche. Para así
haber podido acompañarte. ¡Grandioso! –Abrió los brazos con vista al vacío y con asombro –Estar allí juntos los dos, ya
me imagino ¡los hermanos Midler en una aventura fantástica hacia la roca de
Krom!
–¡Ay! –Exclamó con dolor –fantástico fuese si me dejaras respirar ¡deja de
besarme me vas a gastar! –dijo con el rostro frustrado mientras su hermana lo
ahogaba de besos, en los cachetes y en la frente.
–Pero es que son todos lo besos rezagados que no te di en todo este mediodía déjame solo me falta algunos.
–hazme una cuenta y depositalos o Ay mañana me los das, guárdatelos o ¡dáselos a
Jonás! Tienes muchas opciones –termino de decir mientras le tiraba un pedazo de tela a la cara en defensa.
–¡no! ¡No! ¡NO! ¡Estos son tuyos hermanito no te vayas! –le gritó a Larius que corría
despavorido como animal asustado.
Luego
de limpiarse todos los besos de su hermana se dispuso a descansar un poco en
uno de los tantos cuartos en su hogar. Una sonrisa se le dibujaba allí acostado
con las piernas cruzadas y los brazos bajo su cabeza encima de su almohada.
Antes de perderse en su sueño no dejo de
pensar una vez más en esa sensación tan cálida y especial que siempre
experimentaba en la roca de Krom, su lugar favorito. No obstante ignoraba que
precisamente ese lugar era pieza fundamental en su futuro y que, muchas cosas
cambiarían para bien y para mal por ello.
