Aquella amplia chimenea de la casa de los Midler desde
muy temprano como era de costumbre, se calentaba comenzando a emanar humo, ademas que daba libertad a los aromas que se extendían con el
viento. Aromas que invadía el olfato de todo ser vivo en las cercanías. Dicho olor era del encantador desayuno digno de reyes, pero hecho con mucho amor para los príncipes de
Doña Anastasia, sus hijos.
La neblina esparcida por todos los rincones del pequeño bosque, en los alrededores
de la casa de los Midler no amedrentaba el chillar de los pajarillos, que
pedían con ansias los primeros rayos de sol en esa mañana. Un viento gélido
proveniente de las montañas cercanas, acompañaba toda aquella fragancia de la
vegetación al amanecer. El olor a madera y pasto mojado se mezclaba en un viaje
continuo junto a la espesa neblina presente, llevando además consigo el
murmurar de todo lo vivo en aquel pequeño bosque.
Los Hercineos desviados de sus hogares sobrevolaban con toda la delicadeza posible, sin evitar provocar con sus enormes alas a su paso torbellinos con la neblina. Sus alas se veían a media luz puesto que ya estaba aclareciendo el día. Aquella vista era fascinante, un cuadro hecho por la misma naturaleza la cual no acaparaba para si todo lo bello que podía ofrecer, sino que lo compartía como el cielo su vida por medio de la lluvia. La transición entre luz y oscuridad estaba presente, era aquel momento del día en que todo podía comenzar de nuevo, desde cero desde sus principios. Era el reconfortante momento donde, estaba amaneciendo.
Los Hercineos desviados de sus hogares sobrevolaban con toda la delicadeza posible, sin evitar provocar con sus enormes alas a su paso torbellinos con la neblina. Sus alas se veían a media luz puesto que ya estaba aclareciendo el día. Aquella vista era fascinante, un cuadro hecho por la misma naturaleza la cual no acaparaba para si todo lo bello que podía ofrecer, sino que lo compartía como el cielo su vida por medio de la lluvia. La transición entre luz y oscuridad estaba presente, era aquel momento del día en que todo podía comenzar de nuevo, desde cero desde sus principios. Era el reconfortante momento donde, estaba amaneciendo.
– Anastasia: buen día mi niña ¿cómo amaneció? Casi no hiciste ruido
al bajar, por poco y me sorprendes.
– Ariela: madre de mi corazón es que no quería despertar a nadie. Venía a
hacerles un desayuno especial, rico y sabroso pero veo que usted se me ha
adelantado… que decepción no pude ¡quería sorprenderlos! De igual manera a
como sea debe ser un día no tan bueno; lo nublado lo ha delatado.
– Anastasia:
pero hija no siempre los días nublados son tan grises como se imaginan, aun con
el cielo encerrado en nubes, detrás de ellas está el sol dando su calor. La
vida sigue y despierta cada día para cumplir lo que está en su propósito, para
lo que fue hecha para seguir dando vida… a cositas bellas como tú, mi amor.
– Ariela:
si madrecita tiene toda la razón usted es muy sabia –dijo
mientras abrazaba a su madre de costado, ya que la señora seguía cocinando.
– Anastasia:
También te digo que no te sientas mal por no haber hecho el desayuno del día de
hoy, yo me he levantado más temprano inclusive más de lo que habitualmente lo haces tú… así que era de esperarse
que te anticipara en hacer los quehaceres.
– Ariela: así
veo madre…
– Anastasia:
¿Pero que tienes en tu carita? Encuentro algo fuera de lo común, mmm
Hija… voltea a verme ¿Por qué andas los ojos tan hinchados?
– Ariela:
no es nada madre, no importa… lo que sí, es que ya estas con nosotros. Hoy
amaneciste bajo el mismo techo que mis hermanos y yo, eso es alegría para mi
corazón. Evidente es que, el tenerte en el hogar llena de felicidad
y de luz no solo a mí sino a todos, me podría atrever a decir
que hasta Caricio está feliz por ello.
– Anastasia:
ni te imaginas como todos ustedes estas semanas me hicieron falta. Cuando
no los tengo cerca, una parte de mi es como si desapareciera y me siento
incompleta, fracturada, en partes, esas que solo siendo las indicadas se
pueden armar. Y dime ¿cómo que no importa que tengas esos ojitos
hinchados? Para mí si es de mucha importancia, me imagino que debe ser que los andas así por
todo lo que hablamos ayer.
– Ariela:
si Madre así mismo es. Usted sabe que no le puedo mentir, la verdad me destroza
saber que hay sufrimientos que no puedo evitar que sucedan en la vida de mis
seres queridos. Eso me indigna, me frustra, me hace sentir inútil y llena de
limitaciones. –dijo
mientras suspiraba con profundidad.
– Anastasia: hija no te sientas así por
favor, no quiero que estés mal.
– Ariela:
aunque quiera no lo puedo evitar, así como usted tampoco. Madrecita también se
encuentra mal y esas ojeras la delatan. El desvelo que ha de haber pasado toda
la noche me imagino que fue trágico, porque yo también lo he pasado, con la
diferencia que me he quedado dormida en la recta final de la madrugada.
– Anastasia:
que linda mi niña cada vez más vivaz jeje –sonrió al darle un beso
a Ariela en la frente– ya
veo que es difícil que algo se te escape. Ya mi oruguita está por salir de su
hermoso capullo, ya pronto serás una hermosa mariposa. Además hijita como
son las cosas… aun teniendo hinchados tus ojitos, la belleza de ellos no
se puede perder, no cabe duda alguna en decir que son igualitos a los ojos de
tu padre, hermosos como ningunos.
Como
una cereza madura enrojeció el rostro de la niña al escuchar aquellos bellos
cumplidos de su madre, tanto así que la situación la hizo verse obligada a
sentarse, al mismo tiempo que bajaba casi desorientada la vista sonriendo de
una manera leve. Jonás
en esos momentos estaba rondando por la casa, puesto que tenía la
costumbre de revisar los rincones del hogar en cuanto se levantaba, dizque para
no encontrar ninguna sorpresa desagradable.
Cuando pasó por el sillón de la chimenea no pudo
resistirse a estar un rato en ese lugar admirándolo, aprovechando las últimas
ondas de calor que ofrecían las brasas de la chimenea, esas que habían quedado
de la noche. Luego de unos minutos se levantó, dirigiéndose hacia donde su
hermana y madre estaban. Quería saludar (esto era indicio de que había
amanecido casi de buen humor), pero también se notaba pensativo y callado, sin
perder su notable mirada de enojo en su rostro.
– Jonás:
buenos días esta vez el que se despertó tarde he sido yo… no lo
puedo creer, ¿porque se han levantado tan temprano?
– Anastasia:
buen día hijo, les quise preparar un espléndido desayuno, ni te imaginas como
me hacía falta el cocinarle a mis pequeños.
La
vista de Jonás no se despegaba del rostro de Ariela esperando que esta le
respondiera a su saludo matutino. Para su sorpresa ella simplemente no
dijo nada, sus acciones fueron frías, al levantarse y tomar un vaso con
leche para luego salir de la cocina sin siquiera voltearlo a ver.
– Jonás:
Gracias madre todo esto se ve delicioso, pero resalta de la mesa esa riquísima
torta de Talinas, como siempre usted se luce haciéndolas –dijo mientras observaba como
Ariela abandonaba la cocina, sin darle ni una palabra o mirada.
– Anastasia:
Jonás hijo, parecen aun niños pequeños ustedes dos. Déjame decirte que sería
bueno que ya estuvieras pensando como contentarla, esta es la primera vez que
la veo tan enojada contigo, inclusive ¡te ha quitado el habla! Sin duda cuando
se enoja a tal nivel se parece a mí, así que toma mi consejo si no haces algo
pronto, pasaran días y días antes que te vuelva a hablar. Ella no es orgullosa
pero sé que cuando lo amerita se toma en serio el ignorar –dijo con una sonrisa en el
rostro.
– Jonás:
madre, primero Ariela aunque ya este bastantita alta sigue siendo una pequeña
infante, y bueno en segundo no se preocupe, esto en ningún momento me afecta,
se está comportando como niña (lo que es) y para niñerías yo no estoy –vocifero firmemente sin
indicios de arrepentimiento.
– Anastasia:
¡Jonás, Jonás! ¡Tan inteligente! caminando siempre adelante, pero tan
incapaz para mentirle a tu madre. Jeje creo que esto puede ser porque te
conozco mejor de lo que tú mismo. Recuerda yo te mantuve aquí en mi vientre
nueve meses y tengo veinte y sietes años de tenerte bajo el techo de mi
hogar, así que lleva tus engaños a otro lado por favor.
Sin
duda doña Anastasia gozaba, ya que su sabiduría de madre hacia ver impotente a
su hijo, el que se creía más sabio que cualquier gran sabio.
– Jonás:
madre sabe… mejor dejémoslo así. De verdad no sé de donde saco tal pensamiento,
de todos modos algún día se le tiene que pasar la niñería a ella y si no es
así, pues mejor para mí, ya que la mucha miel empalaga al paladar.
– Anastasia:
hijo puede que tengas razón, pero recuerda que un mundo sin dulzura solo sería
un mundo amargo y triste…
– Jonás:
¡está bien, está bien! … tomare un trozo de la torta que ya estoy muriendo de
hambre y no me puedo resistir al olor de este manjar.
– Anastasia:
toma aquí tienes corazón, te daré un gran trozo y espero no te empalague.
– Jonás:
si yo sé que está gozando conmigo… es evidente.
– Anastasia:
yo no he dicho nada hijo no te enojes, más bien come y disfruta de ello –no paraban las risas de Doña
Anastasia mientras seguía hablando.
Unos
pasos se comenzaron a escuchar desde la escalera en forma de caracol.
Era un paso lento, un poco torpe, típico de los que arrastran los pies al
caminar. Sin duda alguna no era Ariela, ya que había salido de la casa tomando
su vaso con leche. A los oídos de Doña Anastasia era legítimo el reconocer al
instante de quien se tratase, no solo por el hecho de que casi todos los que
estaban presente en casa habían bajado del segundo piso, sino también porque
esos pasos no se les confundiría ni con otras cien personas bajando.
Su
hijo, su ser amado Larius recién levantado bajaba lentamente, con todo el sueño
aun encima de él, con los cabellos desarreglados y alborotados, con sus ojos
hinchados de tanto dormir, restregándose la cara con una mano y con
la otra tratando de quitarse algunos cabellos de la frente, con las ropas de
cama aun puestas.
Inmediatamente
Doña Anastasia salió de la cocina al encuentro de él. Este era el verdadero
reencuentro luego de las semanas en que ella no había estado. Era una enorme
alegría para ella el ver por fin en condiciones normales a su hijo. Su rostro
en ningún momento negó tal sentimiento, sino que dio libertad a su sonrisa y
sus ojos se iluminaron con un resplandor sin igual, y lágrimas casi
instantáneas salieron de felicidad.
– Anastasia:
¡que dicha poseen los ojos que ven tu lento caminar hijo bello!
– Jonás:
hable solo por usted misma –dijo entre dientes casi imperceptible.
– Anastasia:
ven hacia acá que tu madre ha vuelto... Quiero abrazarte.
Fue
un susto agradable escuchar la voz de su madre que lo llamase hacia su
encuentro. La presencia de Doña Anastasia en casa era muy grata y reconfortante, de
una u otra manera lo hacia sentirse en paz.
– Larius:
¡Madre! Has vuelto, no me he dado cuenta como… pero hace un momento estaba
en otro lugar y he abierto los ojos en mi cuarto. Nos dijiste que vendrías en
un par de días, pero lo has hecho antes.
Al
parecer en un momento su alegría se había convertido en confusión. Era muy
extraño el no poder recordar cómo había llegado a su hogar desde el bosque de
los cerezos gigantes.
– Larius:
un momento… acaso he soñado todo aquello que me ha pasado –dijo a sí mismo, ya que había
comenzado a recordar el incidente con Batraal– ¿pero entonces porque
siento olor a pastel de Talinas?
Larius
buscaba alguna seña de todo lo que había ocurrido sin existo, porque cada
cicatriz y golpe habían sanado. Además Habían desaparecido de su cuerpo
recuerdo alguno de toda aquella paliza que le habían propinado.
– Anastasia:
¡hijo venga! eso ahorita no importa, si no iré yo misma hasta donde estas, para
abrazarte, de verdad no aguanto las ganas hijo de mi corazón.
Cuando
al fin pudo darle el abrazo que tan ansiosa busco, esto provoco que todo
el mundo se detuviera alrededor de ellos dos. No existía nada más que la
presencia de él, aquellos brazos entretejidos en Larius y aquellos besos
repartidos entre rostro y cabello del mismo, sumergían al joven en un mar de
cariño materno que disfrutaba. Todo aquello asemejaba al momento donde el
horizonte abrazaba al atardecer, o cuando el arcoíris besaba al cielo mientras
el sol resplandeciente contemplaba la belleza de tal momento.
– Larius:
que alegría madre que hayas vuelto, este hogar no es el mismo sin ti.
– Jonás: pues claro… bajan las mimerías quedando solo Ariela. Por qué conmigo te
va mal –dijo mientras
observaba el momento entre madre e hijo.
– Anastasia: gracias hijo. Créeme cuando te digo que sin ustedes no
soy la misma.
– Larius: no dudo en ningún momento eso,
tu cuido es el más tierno que puede dar una madre. Gracias por ser así,
además admiro que lo seas con todos, siempre imparcial, bueno aunque Jonás
regularmente se te corre –dijo
sonriendo– que corazón
tan inmenso tienes, es tan amoroso.
– Anastasia: si lo sé pero Jonás no siempre fue así –menciono viendo a su otro hijo– el tiempo cambia mucho de
las personas, pero lo que si no puede cambiar es que toda madre debe ser así,
amorosa. Es algo marcado y arraigado en nuestro ser…
– Jonás: ¡bueno, bueno! Dejen de hablar de mi… ¡hey Larius! ¿Esta vez no has dado
el beso de buenos días al suelo o sí? ¿Despertaste como la gente común?
– Larius: ya decía se estaba presentando el día perfecto y por ello tu
sarcasmo no se lo quiso perder ¿¡acaso todos los días me caigo de la cama!?
– Anastasia:
basta el día está comenzando y es feliz para mí que lo sea junto a
ustedes, pero por favor basta de discutir… o los castigo a ambos.
– Larius: bueno madre está bien. Ya veo que por fin me he levantado temprano sin
que nadie me grite, que gratificante se siente…
– Jonás:
¿perdón madre como dijo?¿castigarme a mi edad? Ja ¡Y por supuesto, como no
te ibas a levantar temprano! Larius ya llevas casi 2 días dormido o un poco más.
La verdad aún no sé cómo no se te han cocido los ojos de tanto tener los
parpados pegados.
Cuando
Larius escucho esto fue de gran asombro. Todas las dudas acerca de lo ocurrido
o no en el bosque de los cerezos gigantes se habían disipado, quedando la
veracidad de lo ocurrido en el ambiente.
– Larius: entonces todo aquel horror no ha sido un sueño… –pensó al mismo tiempo que un
miedo profundo entro en todo su cuerpo.
– Jonás: por esa cara que acabas de poner
me imagino que pensaste que todo aquello podría haber sido un sueño, pequeño
holgazán tenemos mucho que hablar. Ya ha llegado el tiempo donde algunas cosas
te sean reveladas –dijo
con una gran cara de satisfacción en el rostro.
– Anastasia: Jonás por supuesto que así será, pero por favor no arruines el
desayuno, este no es momento para hablar de ello. Larius tampoco quieras
preguntar, ya luego en todo el día habrá tiempo para que lo hagas.
– Larius:
¡pero quien quiere saber de cosas como esas! ¡No, no! ¡Esto es una pesadilla!
¡Semejante terror no se debe repetir y mucho menos explicar su origen! –pensó de una forma muy
angustiada el chico.
Como
se les fue pedido siguieron con su desayuno cada uno, sentados en la mesa,
escuchando las anécdotas que le había ocurrido a Doña Anastasia en la
casa de su hermana Margaret, con todas las ocurrencias de Erakio y su afán por
consentir a su esposa. Larius escuchaba muy atento mientras Doña
anastasia contaba con tanto placer. El chico había dejado a un lado la
preocupación para poder disfrutar plenamente del regreso de su madre al hogar.
– Anastasia:
por cierto hijo, Erakio te mando saludos. Dijo que ojala pronto te pueda ver
para contarte todas las cosas que ha visto o le han pasado, todas las que
quieras. Se miraba muy entusiasmado. Al parecer te tiene muchísimas más
historias que la última vez.
– Larius: gracias madre ¡qué bueno! De verdad Erakio siempre me sorprende con las
cosas que me cuenta que ocurren en el campo, algunas maravillosas y otras…
simplemente terroríficas.
– Anastasia:
hijo no hagas tal cara, es muy fea.
– Jonás:
madre imposible que pidas eso el nació con tal cara.
– Larius:
ya vas, ya vas… ¿madre pero es cierto Ariela no se ha levantado?
– Anastasia: pues ha tomado un vaso con leche y se ha ido fuera de la casa.
– Larius:
Oh ya ¿sí? Y eso, es muy extraño que ella haga eso si estamos aquí, pero más
extraño es que lo haga en el desayuno, ella ama el desayuno.
Ariela
yacía afuera, había recorrido mucho camino pensado en todo lo que la noche
anterior había hablado con Jonás y su madre. Mientras tanto el sol irrumpía en
las nubes grises reclamando territorio, territorio que estas habían usurpado
muy de madrugada. La claridad del día comenzaba a normalizarse pero los miedos
de Ariela se volvían cada vez más turbios y sombríos, reflejando el tipo de futuro
que ella sentía avecinarse.
Como
siempre vestía uno de esos trajes bellamente bordeados de flores. Este era
verde, con algunos pequeños encajes blancos. Su cabello estaba arreglado con
una trenza recostada a la izquierda de su cuello y encima de su cabellera un
hermoso prensador en forma de mariposa reposaba. Este último era un regalo que
su madre le había traído de su viaje.
Aunque
tal preocupación no atenuaba la belleza de Ariela si mermaban ánimos en su
rostro. Los suspiros que ella daba eran cada vez más profundos, llenando de
poco en poco el contorno de sus ojos, llenándolos de preocupación transformadas
en pequeñas lágrimas, que a cada instante tomaban más fuerzas.
El
cruce de sus brazos de alguna manera le hacían tener un poco más de fortaleza,
pero esta no era la suficiente como para borrar el presagio que sentía, el que
veía que se avecinaba para toda su familia. Su mundo prácticamente se
fracturaba ante sus narices y no podía hacer nada al respecto. Pensaba que el
destino era el que guiaba sin escrúpulos el futuro de ella y de sus seres
queridos.
– Ariela:
¡por que! ¡No entiendo por qué! ¡No es justo! ¡No, no claro que no! ¿Porque
entre tantas familias tuvimos que ser nosotros lo que padezcamos esto? –Decía ya con muchas lágrimas
que rodaban en sus mejillas – ¿acaso
hemos cometido mal tan grande como para ser abatidos por tal castigo? Estábamos
libres de todo contacto con el ejército pero ahora… ahora estaremos a su
merced.
Mientras
ella lloraba desconsoladamente, un sentimiento en el aire comenzó a invadir los
sentidos de Ariela. Una hermosa Rosa comenzó a florecer desde su capullo y
muchas más le siguieron el paso, extendiéndose en todo el terreno alrededor de
Ariela dejándola a ella en el centro, muchos pétalos viajaban en suaves ráfagas
de viento. Un enriquecedor olor comenzó a percibirse en el ambiente, era un
olor maravilloso, fragancia fresca y envolvente de flores, de rosales. Su
polen, ese polen dorado y de tonos plateados parecido al polvo de hadas tocaban
el rostro de Ariela como si las mismas flores y rosas estuvieran controlando
tal situación.
Enseguida un pequeño grupo de abejorros aparecieron. En contra del aire volaron, hasta llegar donde las flores habían aparecido. Eran abejorros grandes, con franjas amarillas y negras, con zumbidos fuertes que no dejaban de provocar. Cada uno comenzó a posarse en las flores y rosas que ellos elegían, cada uno comenzó a deleitarse en su polen, pasándose de una flor a otra.
Mientras
Ariela observaba todo lo que estaba sucediendo. De repente un viento
cálido la envolvió en medio de la mañana fría y gélida. En un determinado
instante una sensación de ternura y de protección comenzó a rodear todo su
cuerpo. Ella no se explicaba de dónde provenía tal cosa, solo sabía que no
debía tener miedo por todo esto, puesto que sentía bienestar y paz. Esto jamás
había ocurrido además que nada en ella lo estaba provocando.
Prácticamente
de la nada sintió en lo más profundo de si una voz muy amable que hablo
directamente a su ser. Era una voz masculina fuerte pero a la vez amoroso, casi como lo seria la voz de un padre.
– no temas mi pequeña flor, desde antes que fueras una semillita he cuidado de ti,
ahora mucho es lo que puedes dar. Míralos ellos se alimentan y al mismo tiempo
cuidan delicadamente de las flores, porque así lo he decidido. Mucho se
avecina, pero cada cosa con un propósito vendrá, se fuerte… recuerda que hasta
de esos pequeños abejorros se cuidar… pero tú eres más que un pequeño
abejorro te lo aseguro que eres mucho más.
Enseguida
de esto la voz enmudeció, luego todos los abejorros emprendieron de vuelta el
vuelo de donde habían venido. Las rosas y flores comenzaron a volverse
una vez más capullos, ocultándose en el pasto, lugar de donde habían salido
quedando nada más el olor de aquella fragancia, junto con el bello resplandor
del polen flotante en el aire.
De repente algo extraño comenzó a suceder, temblores comenzaron a
sacudir la casa al ritmo de pasos agigantados, las tasas, las vasijas, los
platos, la mesa, en si todo se comenzó a mover cayendo al suelo uno que otro utensilio.
Todos en la casa se asombraron de lo que estaba pasando, siendo Jonás el más
alarmado, ya que su rostro era de mucha preocupación.
– Jonás: ¿cómo es posible que no haya detectado antes tal cosa? ¡De
semejantes proporciones! ¡¿Dónde está Ariela?! Tengo que ir a buscarla
inmediatamente. –dijo
con una angustia terrible.
– Anastasia: ¿hijo que pasa que has
sentido que te tenga tan preocupado?
– Larius: que pasa con Ariela y que has asentido ¡habla Jonás!
– Jonás: ¡quédense aquí, no tengo tiempo para explicar! ¡No salgan por nada del mundo!
Ariela
estaba aún perpleja de lo que había visto y escuchado, realmente fue precioso
para ella lo que había presenciado, pero aunque buscaba explicaciones de lo
que había pasado minutos antes, no las encontraba. Estaba convencida
que su Aura no había provocado tal hecho.
– Ariela: que extraño lo que he visto…
esa presencia salió de la nada y de la nada ha desaparecido. No me ha dado
miedo, ni ha inquietado nada en mí, más que la curiosidad. Definitivamente no sé
de dónde provino… ¿serán hadas? ¿U otro ser? No, era una voz de un señor de eso
estoy segura, pero es que no tengo nada para saber que fue. –dijo desorientada.
Bueno
solo sé que me ha ayudado a recordar que nada aún está escrito, me siento más
tranquila… tengo a mis hermanos y a mi madre esperando. Debo de cuidar de ellos
así como sé que también lo harán ellos por mí. Debo ser un apoyo y no una
carga… y claro más para mi hermano bello, Larius.
Dicho
esto emprendió en camino de regreso a casa, quería estar cerca de su
familia, quería cambiar de actitud con el aire de bienestar que la había
animado. A unos diez pasos que había dado, comenzó a sentir una presencia
diferente esta vez, un sentir maligno se esparcía a lo largo del cielo. En un
abrir y cerrar de ojos todo comenzó a oscurecer, la neblina que se había
disipado comenzó a espesarse una vez mas de manera alborotada.
El
ambiente se tornaba pesado y tenebroso, algo malo estaba por suceder. A lo
largo en la llanura Ariela comenzó a observar algunas sombras que aparecían y
desaparecían. Un murmullo de voces se podía percibir en el viento, voces de
ancianos, voces roncas y fuertes, muy fuertes, con algunas de niños, como que
si corriesen entusiasmadamente eran las que se escuchaban.
– ¿Quién
es ella?
– ¿si ella quién es?
– No
lo sé pero posee un enorme poder
– Es la hermana –si es la hermana.
– Ella
también pagara –claro que sí.
– ¿También la comeremos?
– ¡por supuesto que lo haremos!
Un
viento huracanado comenzó a soltarse en todo el lugar haciendo que se
retorcieran algunos árboles. Muchas cosas comenzaron a volar por aquella
corriente de aire; rocas, tierra y animales con plantas salieron tirados por
los cielos. Los arboles mismos cedían antes esos vientos, pero Ariela no lo
hizo, lo único que se movía eran la tela de sus ropas, más el alboroto de sus
cabellos, puesto que habían sido despojado de su forma de trenza.




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