La penumbra de los seres se aproximaba lentamente aunque de manera ansiosa, casi disfrutando el asedio en su sosiego. Rotundo era su comportamiento, como sabiendo lo que debían hacer paso por paso, comenzando por acorralar por partes a los jóvenes, ya que esto les daría la calma con la que intimidarían a Ariela. El murmurar de las sombras enmudeció cuando su cercanía era de unos pocos metros, sin embargo pasado unos segundos comenzó de nuevo siendo entonces cuando las oraciones, las frases y palabras se escucharon un poco mejor, pero aun sin veracidad para ella.
– Comámosla – si comámosla – se ve deliciosa.
– Es hermosa también mmm podríamos… – si con mucho placer.
– Hagámosla sufrir –si que sufra – es hermana de él.
– Si poseen lazos en sus Auras se sienten…
De repente estos seres dejaron ver parte de sus rostros aun cubierto en el manto de sombras. Sobresalían sus dientes afilados muy puntiagudos con lenguas largas. De sus bocas salía una especie de liquido algo espeso y baboso de color purpura. El olor que se percibía en el ambiente era nauseabundo, parecía haber sido provocado por alguna podredumbre de carne descompuesta. Así de trágico era aquel sentir para el olfato de la joven.
– Hagámosla sufrir –si que sufra – es hermana de él.
– Si poseen lazos en sus Auras se sienten…
De repente estos seres dejaron ver parte de sus rostros aun cubierto en el manto de sombras. Sobresalían sus dientes afilados muy puntiagudos con lenguas largas. De sus bocas salía una especie de liquido algo espeso y baboso de color purpura. El olor que se percibía en el ambiente era nauseabundo, parecía haber sido provocado por alguna podredumbre de carne descompuesta. Así de trágico era aquel sentir para el olfato de la joven.
– Esta descendiente de Athan es mía –grito una voz espeluznante y ronca.
– ¡Maldito! – si maldito – toda te la llevaras. – gritaron las demás sombras.
– Egoísta –eso eres egoísta...
– Acaso no me han escuchado –dijo el, mientras una gran pisada se escuchó– ¿Tendré que repetirlo? ¡si pasa eso morirán!
Ariela escuchaba con mucho esfuerzo casi sin entender lo que aquellos hablaban ya que el sonido de las voces se entrecortaban por alguna extraña razón, al parecer podría que fuese por las mismas sombras. La joven con decisión inerte se mantenía mirando lo que aquel monstruo estaba revelando ante sus ojos, ya que también un manto de sombras cubrían el contorno de él, así como los demás seres de menor estatura y eso hacia que su curiosidad aumentara a cada segundo que pasaba.
– También esta aquel que destruyese a Batraal cerca de aquí ¡por qué no me avisaron! –dijo la gran sombra.
– ¿quién te dijo eso y por estas aquí? No debías haber venido…
– ¡no les debe importar! Den gracias porque no los descuartizo aquí mismo. Ahora tengo que matar a esa, ya después de aquí iré a desmembrarlo a el también y a ese tal ser azul –dijo la gran bestia cubierta en sombras.
– ¡No, no, ese es de él! si lo matamos nosotros, después él nos matara. Así que piensa bien que harás. Nuestras ordenes es llevarlo vivo los demás pueden morir.
– Si, nos matara, si matamos al ser azul, por eso déjanos comer de esta niña –¡si de esta!
– No me importa comeré todo lo que encuentre en mi paso. –respondió la sombra gigante– ¡ya veré si me mata el que ustedes dicen!
Un desmedido golpe en tierra se sintió al terminar la última frase que dijo, haciendo que de su boca cayera líquido, uno de aspecto repugnante, quemando el pasto debajo de él. Era su saliva toxica, venenosa y peligrosa para todo ser vivo. En ese mismo instante Jonás salió de la casa solo para encontrarse con una desagradable sorpresa, una que ni el mismo se la esperaba. A lo lejos pudo ver a Ariela con todas aquellas criaturas rodeándola, siendo asechada en la llanura cercana con la gran bestia liderando ese macabro asedio.
Además del espectáculo oscuro protagonizado por las siluetas de las sombras, se encontraba una enorme barrera color purpura con tonos muy oscuros rodeando con una extensión moderada a su casa, prácticamente encarcelando en el terreno a el, a su madre y a Larius. Todo estaba entretejido minuciosamente como planeado para no fallar.
– Jonás: ¡Claro esto ha detenido mis sentidos! Definitivamente esta barrera no es normal es muy extraña… oculta eficazmente en ella toda Aura cercana ¡Por eso no pude sentí lo que venía! ¡como sea tengo que derribarla! –pensó rápidamente.
Jonás comenzó a emanara su aura con aquel rojo oscuro característico de él tiñendo todo su contorno. Sus ojos se iluminaron tenebrosamente volviéndose rojo carmesí, su cuerpo gano volumen rápidamente definiéndose más sus músculos, más de lo que ya lo estaban. Luego concentrado en un punto de la barrera fijo su mirada decidiéndose a romperla de un solo golpe.
– ¡no les debe importar! Den gracias porque no los descuartizo aquí mismo. Ahora tengo que matar a esa, ya después de aquí iré a desmembrarlo a el también y a ese tal ser azul –dijo la gran bestia cubierta en sombras.
– ¡No, no, ese es de él! si lo matamos nosotros, después él nos matara. Así que piensa bien que harás. Nuestras ordenes es llevarlo vivo los demás pueden morir.
– Si, nos matara, si matamos al ser azul, por eso déjanos comer de esta niña –¡si de esta!
– No me importa comeré todo lo que encuentre en mi paso. –respondió la sombra gigante– ¡ya veré si me mata el que ustedes dicen!
Un desmedido golpe en tierra se sintió al terminar la última frase que dijo, haciendo que de su boca cayera líquido, uno de aspecto repugnante, quemando el pasto debajo de él. Era su saliva toxica, venenosa y peligrosa para todo ser vivo. En ese mismo instante Jonás salió de la casa solo para encontrarse con una desagradable sorpresa, una que ni el mismo se la esperaba. A lo lejos pudo ver a Ariela con todas aquellas criaturas rodeándola, siendo asechada en la llanura cercana con la gran bestia liderando ese macabro asedio.
Además del espectáculo oscuro protagonizado por las siluetas de las sombras, se encontraba una enorme barrera color purpura con tonos muy oscuros rodeando con una extensión moderada a su casa, prácticamente encarcelando en el terreno a el, a su madre y a Larius. Todo estaba entretejido minuciosamente como planeado para no fallar.
– Jonás: ¡Claro esto ha detenido mis sentidos! Definitivamente esta barrera no es normal es muy extraña… oculta eficazmente en ella toda Aura cercana ¡Por eso no pude sentí lo que venía! ¡como sea tengo que derribarla! –pensó rápidamente.
Jonás comenzó a emanara su aura con aquel rojo oscuro característico de él tiñendo todo su contorno. Sus ojos se iluminaron tenebrosamente volviéndose rojo carmesí, su cuerpo gano volumen rápidamente definiéndose más sus músculos, más de lo que ya lo estaban. Luego concentrado en un punto de la barrera fijo su mirada decidiéndose a romperla de un solo golpe.
Así que actuó rápido emanando más cantidad de Aura, lo que provoco que todas las venas de su cuerpo se repintaran. El color rojo que lo cubría cada vez se teñía más oscuro; más sombrío. En un determinado instante ejerció un movimiento dejando ir el gran golpe, y la gran cantidad de energía acumulada impacto sin regreso, sin retorno en la barrera.
La barrera comenzó a agrietarse partiéndose desde el punto donde él había golpeado. Todo paso exactamente como cuando se golpea un espejo, pero nuevamente el destino le tenía una sorpresa preparada. En ese momento se satisfacía frente de tal acción esperando el derrumbe de la barrera, pero inmediatamente la misma volvió a unirse quedando como que tal nada había pasado, desapareciendo rastro alguno del golpe dado con tanto furor.
– Jonás: ¿¡que pasa!? ¿¡Por que no se rompió!? ¿¡Como es posible esto!? –dijo mientras golpeaba una vez mas– estoy seguro que bastaba y sobraba con toda la fuerza que le he puesto ¡no puede ser posible!
Una vez más y otra vez mas Jonás comenzó a golpear, golpe tras golpe obteniendo el mismo resultado, agrietándose y volviéndose a restaurar. Paulatinamente los golpes de Jonás iban perdiendo efectividad, ya que las grietas que ocasionaban al impactar aparecían con menos cobertura de espacio; era como si él estuviese perdiendo su fuerza en cada golpe que daba.
– Jonás: ¿cómo puede estarme pasando que una barrera insignificante me esté deteniendo? –dijo ya agitado con un poco de cansancio en el rostro– será que sea... ¿una barrera que se alimenta de mi Aura? ¡no puede ser, no! Por que no me di cuenta desde un principio.
– Anastasia: ¿hijo que pasa, que es todo esto? ¿y, esas cosas extrañas que están allá con Ariela? –dijo la señora que salía junto con Larius apresurada de la casa.
– Larius: ¡la misma pesadilla una vez más! lo mismo pasó antes madre, la misma sensación y ambiente que viví en el bosque de los cerezos gigantes, pero veo que se ha multiplicado y esta amenazando a Ariela… ¡Jonás has algo! ¡Derriba esta cosa debemos ayudarla!
– Jonás: ¿qué crees que estoy intentando inútil? pero esta barrera es demasiado fuerte… ¡maldita sea! –dijo mientras golpeada la barrera con indicios de desesperación.
– Anastasia: ya veo de esto estabas hablando Jonás, son ellos entonces.
De vuelta en la llanura Ariela observaba un poco ya impaciente por saber el motivo del asedio de todos esos seres. De verdad anhelaba llegar hasta el fondo de este asunto, pero sabía que no debía dejar escapar su quietud, aquella que desde en su interior la mantenía en paz, además había algo rondando sus adentros, ese algo era la sensación de bienestar que minutos antes había sentido, con todo lo bello que había presenciado en el jardín brotado frente de sus ojos.
Larius yacía en pánico rotundo detrás de Jonás y su madre juntos en la barrera. Sus ojos estaban aterrorizados, su rostro se mantenía empalidecido por todo lo que su vista estaba captando; impotente, angustiado prácticamente sin poder hacer más que ver y lamentarse, era la situación de él, por supuesto algo deplorable ante Jonás.
Cuando las voces de los seres fueron más claras y se cortaron menos, Ariela pudo escuchar detenidamente algunas otras frases de las criaturas, frases que si hicieron decidir actuar de una vez por todas.
– Si dentro de la casa esta el….
– Larius: ¡la misma pesadilla una vez más! lo mismo pasó antes madre, la misma sensación y ambiente que viví en el bosque de los cerezos gigantes, pero veo que se ha multiplicado y esta amenazando a Ariela… ¡Jonás has algo! ¡Derriba esta cosa debemos ayudarla!
– Jonás: ¿qué crees que estoy intentando inútil? pero esta barrera es demasiado fuerte… ¡maldita sea! –dijo mientras golpeada la barrera con indicios de desesperación.
– Anastasia: ya veo de esto estabas hablando Jonás, son ellos entonces.
De vuelta en la llanura Ariela observaba un poco ya impaciente por saber el motivo del asedio de todos esos seres. De verdad anhelaba llegar hasta el fondo de este asunto, pero sabía que no debía dejar escapar su quietud, aquella que desde en su interior la mantenía en paz, además había algo rondando sus adentros, ese algo era la sensación de bienestar que minutos antes había sentido, con todo lo bello que había presenciado en el jardín brotado frente de sus ojos.
Larius yacía en pánico rotundo detrás de Jonás y su madre juntos en la barrera. Sus ojos estaban aterrorizados, su rostro se mantenía empalidecido por todo lo que su vista estaba captando; impotente, angustiado prácticamente sin poder hacer más que ver y lamentarse, era la situación de él, por supuesto algo deplorable ante Jonás.
Cuando las voces de los seres fueron más claras y se cortaron menos, Ariela pudo escuchar detenidamente algunas otras frases de las criaturas, frases que si hicieron decidir actuar de una vez por todas.
– Si dentro de la casa esta el….
– Si allí están el hermano y el –refiriéndose a Larius– cuando lo llevemos si, lo mataremos.
– Haremos lo que Batraal no pudo hacer, o por lo no menos nuestro señor lo hará enfrente de nuestros ojos.
Al escuchar que “ellos harían lo que aquel ser no pudo concretar con éxito" a su hermano, se impaciento aún mucho más despertando angustia. Ese fue el detonante que destruyo el hermoso sentir que mantenía en sí la joven Midler.
– Ariela: si no es mucho pedir me encantaría que me respondiesen la pregunta que les haré... ¿discúlpenme ustedes conocen a el que quiso matar a mi hermano Larius?
– Haremos lo que Batraal no pudo hacer, o por lo no menos nuestro señor lo hará enfrente de nuestros ojos.
Al escuchar que “ellos harían lo que aquel ser no pudo concretar con éxito" a su hermano, se impaciento aún mucho más despertando angustia. Ese fue el detonante que destruyo el hermoso sentir que mantenía en sí la joven Midler.
– Ariela: si no es mucho pedir me encantaría que me respondiesen la pregunta que les haré... ¿discúlpenme ustedes conocen a el que quiso matar a mi hermano Larius?
– Shhh, Shhh silencio no te he dicho que me hables… seres como tu nos deben respeto absoluto. – ¡si no te hemos dado permiso de hablar! Je-je-je– cuando te descuarticemos si tendrás permiso de gritar todo lo que quieras.
– Ariela: sean educados ¡respondan por favor! ¡les hice una pregunta! –dijo con un tono alto a los seres.
El manto de oscuridad comenzó a retirarse de la gran criatura delante de ella dejando ver la forma de la bestia. Su aspecto era grotesco, era como ya antes mencionado muy alto, con un solo ojo. Sus cabellos eran blancos con un tono plateado, su piel era pálida, y esta se encontraba muy pegada a sus huesos, era como si estuviese al borde de la desnutrición. Poseía garras largas con un filo de espada sin igual.
Se encontraba descalzo, sus uñas eran negras como un carbón y largas, a placer las enterraba en la tierra. Su cintura estaba cubierta por una especie de taparrabo con un manto encima de la espalda que en algún punto del mismo traía consigo unas inscripciones. En su mano llena de garras estaba una gran espada hecha en parte de oro y en parte de plata. En algunas partes del arma había mucha suciedad oscureciendo su contorno, pero poco disminuía la belleza de la pieza.
Él al revelarse por completo ante la joven la observo fijamente por un lapso corto antes de hablar con ella, mientras movía sus garras en frente de su propio rostro haciendo danzar esas largas garras afiladas al ritmo que el ruido provocaba. Después volvía a verla con un intercambio de miradas muy tenebroso para Ariela ya que él no guardaba el odio a la vista.
– ¿Y que? si te digo que si conocimos al miserable de Batraal ¿qué me harás? –dijo de manera desafiante– ¿acaso esta en tus manos mi vida? jaja
– Ariela: sean educados ¡respondan por favor! ¡les hice una pregunta! –dijo con un tono alto a los seres.
El manto de oscuridad comenzó a retirarse de la gran criatura delante de ella dejando ver la forma de la bestia. Su aspecto era grotesco, era como ya antes mencionado muy alto, con un solo ojo. Sus cabellos eran blancos con un tono plateado, su piel era pálida, y esta se encontraba muy pegada a sus huesos, era como si estuviese al borde de la desnutrición. Poseía garras largas con un filo de espada sin igual.
Se encontraba descalzo, sus uñas eran negras como un carbón y largas, a placer las enterraba en la tierra. Su cintura estaba cubierta por una especie de taparrabo con un manto encima de la espalda que en algún punto del mismo traía consigo unas inscripciones. En su mano llena de garras estaba una gran espada hecha en parte de oro y en parte de plata. En algunas partes del arma había mucha suciedad oscureciendo su contorno, pero poco disminuía la belleza de la pieza.
Él al revelarse por completo ante la joven la observo fijamente por un lapso corto antes de hablar con ella, mientras movía sus garras en frente de su propio rostro haciendo danzar esas largas garras afiladas al ritmo que el ruido provocaba. Después volvía a verla con un intercambio de miradas muy tenebroso para Ariela ya que él no guardaba el odio a la vista.
– ¿Y que? si te digo que si conocimos al miserable de Batraal ¿qué me harás? –dijo de manera desafiante– ¿acaso esta en tus manos mi vida? jaja
– Ariela: ¿así que tú eres también un Grigori? –pregunto muy intrigada.
La mirada de Ariela comenzó a cambiar. Despertó un brillo sin igual en sus ojos grises, su cabello empezó a levantarse levemente, enseguida su Aura apareció con un tono verde encendido, un verde maravillosamente encendido. Su contorno estaba recubierto de todo aquel poder que estaba produciendo desde su interior, haciendo que se observara como un fluido que se desbordaba hacia la tierra.
– Jajá ni creas que asustas basurita, ya te quitare el poder que no te pertenece –las intenciones eran claras en el, quería destruirla.
La mirada de Ariela comenzó a cambiar. Despertó un brillo sin igual en sus ojos grises, su cabello empezó a levantarse levemente, enseguida su Aura apareció con un tono verde encendido, un verde maravillosamente encendido. Su contorno estaba recubierto de todo aquel poder que estaba produciendo desde su interior, haciendo que se observara como un fluido que se desbordaba hacia la tierra.
– Jajá ni creas que asustas basurita, ya te quitare el poder que no te pertenece –las intenciones eran claras en el, quería destruirla.
– Ariela: que lastima que no pueda dialogar con ustedes de verdad no deseo hacerles daño, pero no dejare que nadie lastime a mi familia eso es inconcebible e inaudito, algo que no va a ocurrir.
Después de que dijo esto formo en su mano una especie de esfera del mismo color que su contorno. Esta era de Aura pura tan fluida y condensada como el agua misma, luego dejándola caer suavemente en el piso prosiguió. Cuando toco suelo se esparció e irrumpió dentro de la tierra, hasta las entrañas de la misma. En miles de esferas pequeñísimas y brillantes se separó tomando formas de semillas.
Después de que dijo esto formo en su mano una especie de esfera del mismo color que su contorno. Esta era de Aura pura tan fluida y condensada como el agua misma, luego dejándola caer suavemente en el piso prosiguió. Cuando toco suelo se esparció e irrumpió dentro de la tierra, hasta las entrañas de la misma. En miles de esferas pequeñísimas y brillantes se separó tomando formas de semillas.
Mientras tanto Jonás ya desesperado y exhausto ante la impotencia que le provocaba la barrera en la que lo habían encerrado junto con Larius y su madre miraba hacia donde Ariela, que estaba emanando todo aquel poder pero inclusive ello no lo podía mantener sin preocupación.
– Jonás: ¡no, no! No será suficiente Ariela… ¡por que no se derrumba esta barrera!
– Larius: ¡por favor Jonás apúrate! ¡no ves que esta en peligro!
– Jonás: ¡que te calles inútil no me desesperes más! ¡sino vas a ayudar no digas nada!
Arboles, enredaderas y una espesa vegetación apareció de la nada, con proporciones exageradas. La velocidad con la que nacieron esas plantas fue casi instantánea. Las mismas tomaron a cada uno de los seres ocultos bajo los mantos de sombra, uno por uno haciendo aparecer su presencia a la vista quedando revelados veinte Grigori.
Otro gran estruendo se escucho al momento de ser atrapados de golpe y tirados en tierra. Los seres llenos de rabia se retorcían queriendo soltarse de sus ataduras siendo en vano todo el esfuerzo, ya que por el contrario más le socavan. Cuando se quiso atar al Grigori más grande este utilizo una excesiva fuerza rompiendo las ataduras como si se tratase de ramas secas. De todos modos no amedrento a Ariela a como él pensó que lo haría.
– Ariela: ya veo eres muy fuerte… despreocúpate si, también tengo algo respectivo para ti, lo siento pero no te puedo dejar libre.
Volvió una vez mas a temblar la tierra aparatosamente saliendo unos enormes árboles, tan grandes como los cerezos Gigantes del bosque. A cada lado del Grigori se ubicaron estos soltando unas gruesas lianas, prácticamente abrazándolo con varias ramas. Era una envoltura gigante la que se podía ver a lo lejos y era una exclusiva para ese gran ser.
– Ariela: viste no podía dejarte sin tu abrazo de árboles auu te ves lindo… ahora tienes muchas respuestas que darme. –dijo viéndolo fijamente a el único ojo que el poseía.
– Jonás: ¡que te calles inútil no me desesperes más! ¡sino vas a ayudar no digas nada!
Arboles, enredaderas y una espesa vegetación apareció de la nada, con proporciones exageradas. La velocidad con la que nacieron esas plantas fue casi instantánea. Las mismas tomaron a cada uno de los seres ocultos bajo los mantos de sombra, uno por uno haciendo aparecer su presencia a la vista quedando revelados veinte Grigori.
Otro gran estruendo se escucho al momento de ser atrapados de golpe y tirados en tierra. Los seres llenos de rabia se retorcían queriendo soltarse de sus ataduras siendo en vano todo el esfuerzo, ya que por el contrario más le socavan. Cuando se quiso atar al Grigori más grande este utilizo una excesiva fuerza rompiendo las ataduras como si se tratase de ramas secas. De todos modos no amedrento a Ariela a como él pensó que lo haría.
– Ariela: ya veo eres muy fuerte… despreocúpate si, también tengo algo respectivo para ti, lo siento pero no te puedo dejar libre.
Volvió una vez mas a temblar la tierra aparatosamente saliendo unos enormes árboles, tan grandes como los cerezos Gigantes del bosque. A cada lado del Grigori se ubicaron estos soltando unas gruesas lianas, prácticamente abrazándolo con varias ramas. Era una envoltura gigante la que se podía ver a lo lejos y era una exclusiva para ese gran ser.
– Ariela: viste no podía dejarte sin tu abrazo de árboles auu te ves lindo… ahora tienes muchas respuestas que darme. –dijo viéndolo fijamente a el único ojo que el poseía.
– ¿Quien eres tú? – porque tienes tal poder –decían los demás Grigori.
El Grigori gigante comenzó a reírse a sus anchas como que estaba en una posición a la cual no debía temer, mientras estaba aprisionado no tenía ni un poco de miedo por como lo tenían, era todo lo contrario, le causaba mucha risa.
– Niña con mucho mas gusto te comeré y devorare lentamente, no sabes cómo disfrutare el destrozarte con mis manos. Te arrepentirás de lo que acabas de hacer pero ya en ese momento tu existencia se habrá apagado.
El Grigori gigante comenzó a reírse a sus anchas como que estaba en una posición a la cual no debía temer, mientras estaba aprisionado no tenía ni un poco de miedo por como lo tenían, era todo lo contrario, le causaba mucha risa.
– Niña con mucho mas gusto te comeré y devorare lentamente, no sabes cómo disfrutare el destrozarte con mis manos. Te arrepentirás de lo que acabas de hacer pero ya en ese momento tu existencia se habrá apagado.
– Ariela: no sé por qué eres tan grosero, haber deja de estar de gruñón y hablemos. Escucha te vuelvo a decir; necesito que me contestes unas preguntas no que me amenaces.
Las enredaderas eran de un número excesivo por lo que tenían prácticamente domado al gigante. La espada que traía en su mano cayo al suelo al parecer perdía fuerzas por la presión exagerada que las ataduras ejercían en él. Ariela se acerco aun mas hacia el Grigori, con el tronco de un árbol que nació del suelo y con él fue elevada hasta estar al nivel del rostro del Grigori.
En ese momento cuando estuvo cara a cara él quiso escupirla con su saliva al rostro, pero inmediatamente una rama de los arboles se interpuso ante el ataque con aquel ácido, pringando de vuelta al mismo Grigori directamente al pecho, quemándose parte de sus mismas ropas dejándose el pecho un poco quemado. Aquellos arboles habían actuado de manera independiente respecto a de la voluntad de la joven, cosa que la sorprendió de gran manera.
La firmeza en la decisión de Ariela encendía cada vez más su mirada, no dejaba sentir temor alguno hacia lo que pudiera pasarle a su persona, ella quería preguntarles para aclarase todas las incógnitas que tenía. Jonás al ver lo que estaba ocurriendo a lo lejos entro en calma, mientras escribía unas marcas en la barrera misma con sus dedos. Sin duda ya observaba con deleite y complacencia la situación controlada que tenia Ariela con aquellas criaturas.
– Ariela: fueron muy amables en venir y no esperar a que los buscásemos, se los agradezco. ¿Pero dime por que están cazando a mi familia? ¿Que mal les hemos hecho? Ojala respondan alguna pregunta.
Las enredaderas eran de un número excesivo por lo que tenían prácticamente domado al gigante. La espada que traía en su mano cayo al suelo al parecer perdía fuerzas por la presión exagerada que las ataduras ejercían en él. Ariela se acerco aun mas hacia el Grigori, con el tronco de un árbol que nació del suelo y con él fue elevada hasta estar al nivel del rostro del Grigori.
En ese momento cuando estuvo cara a cara él quiso escupirla con su saliva al rostro, pero inmediatamente una rama de los arboles se interpuso ante el ataque con aquel ácido, pringando de vuelta al mismo Grigori directamente al pecho, quemándose parte de sus mismas ropas dejándose el pecho un poco quemado. Aquellos arboles habían actuado de manera independiente respecto a de la voluntad de la joven, cosa que la sorprendió de gran manera.
La firmeza en la decisión de Ariela encendía cada vez más su mirada, no dejaba sentir temor alguno hacia lo que pudiera pasarle a su persona, ella quería preguntarles para aclarase todas las incógnitas que tenía. Jonás al ver lo que estaba ocurriendo a lo lejos entro en calma, mientras escribía unas marcas en la barrera misma con sus dedos. Sin duda ya observaba con deleite y complacencia la situación controlada que tenia Ariela con aquellas criaturas.
– Ariela: fueron muy amables en venir y no esperar a que los buscásemos, se los agradezco. ¿Pero dime por que están cazando a mi familia? ¿Que mal les hemos hecho? Ojala respondan alguna pregunta.
– Jaja ya te dije que no eres nada… eres menos que el polvo que toca mis pies. –dijo el gigante– Eres un ser sucio y repugnante, indigno del poder que usas. ¡no me explico como puedes tenernos atrapados así! ¡Maldita sea!
Las ataduras se cerraban cada vez más con lo que algunos seres comenzaron a gritar de una manera desgarradora. El dolor que les provocaba los estaba torturando.
– Ariela: ¡basta por favor! ¡no aprieten más! –Dicho esto las lianas que aprisionaban se desahogaron, era como que tenían voluntad, una que obedecía a la voz de Ariela.
Las ataduras se cerraban cada vez más con lo que algunos seres comenzaron a gritar de una manera desgarradora. El dolor que les provocaba los estaba torturando.
– Ariela: ¡basta por favor! ¡no aprieten más! –Dicho esto las lianas que aprisionaban se desahogaron, era como que tenían voluntad, una que obedecía a la voz de Ariela.
– ¡no quiero tu piedad despreciable humana! ¡no, no! –gritaron varios seres– de igual forma te vamos a matar.
Ya la rabia en la vista de aquel Grigori era desmedida, sus risas habían dejado de ser, su odio por estar en esa situación lo hizo desesperarse de gran manera, provocando que en un arranque de furia con un enorme suspiro hiciera un gran esfuerzo. Todo su envejecido cuerpo se repinto de venas haciéndole sangran la nariz, las garras de sus pies se aferraron en el suelo enterrándose por toda la presión que estaba generando.
Lleno sus pulmones de aire y con todo la ira que sentía dejo ir libre su voz en un horripilante grito para poder liberarse, rompiendo todo a su alrededor, destrozando los arboles gigantes y haciéndolos astillas. Todo lo creado por Ariela estaba siendo arrojado en pedazos. Luego de esto rápidamente levanto la espada y Ariela quiso retroceder, pero la velocidad del gigante aumento considerablemente, por lo que solo por pocos centímetros pudo salvarse de ser cortada.
– Jonás: ¡Ariela ten cuidado! ¡Me confié demasiado! –Decía sin poder hacer nada– por qué me he confiado ¡que estúpido soy! Si muere será mi culpa…
Desesperado Jonás solo podía observar desde lejos a su hermana retroceder poco metros, tropezando con algunos escombros de los arboles. Era evidente que se le estaba yendo de las manos la situación a Ariela. El gigante con la la nariz y el mentón ensangrentado, ya con la espada nuevamente bien empuñada se dispuso a cortar con todas sus fuerzas a la joven, mientras ella entraba en pánico al ver que aquel Grigori había despedazado la barrera de arboles gigantes donde lo tenia atado y que poco había hecho ella al querer alejarse.
Larius miraba sin poder hacer nada con sus manos apoyadas en la barrera y su madre no podía contener sus lágrimas que fluían por lo que estaba presenciando. Todo indicaba que la vida de la joven se apagaría en cualquier momento a causa de aquel ser, su vida estaba en riesgo mortal y ningunos de sus familiares podía hacer nada al respecto, más que sentirse impotentes frente toda aquel asedio siniestro.
Ya la rabia en la vista de aquel Grigori era desmedida, sus risas habían dejado de ser, su odio por estar en esa situación lo hizo desesperarse de gran manera, provocando que en un arranque de furia con un enorme suspiro hiciera un gran esfuerzo. Todo su envejecido cuerpo se repinto de venas haciéndole sangran la nariz, las garras de sus pies se aferraron en el suelo enterrándose por toda la presión que estaba generando.
Lleno sus pulmones de aire y con todo la ira que sentía dejo ir libre su voz en un horripilante grito para poder liberarse, rompiendo todo a su alrededor, destrozando los arboles gigantes y haciéndolos astillas. Todo lo creado por Ariela estaba siendo arrojado en pedazos. Luego de esto rápidamente levanto la espada y Ariela quiso retroceder, pero la velocidad del gigante aumento considerablemente, por lo que solo por pocos centímetros pudo salvarse de ser cortada.
– Jonás: ¡Ariela ten cuidado! ¡Me confié demasiado! –Decía sin poder hacer nada– por qué me he confiado ¡que estúpido soy! Si muere será mi culpa…
Desesperado Jonás solo podía observar desde lejos a su hermana retroceder poco metros, tropezando con algunos escombros de los arboles. Era evidente que se le estaba yendo de las manos la situación a Ariela. El gigante con la la nariz y el mentón ensangrentado, ya con la espada nuevamente bien empuñada se dispuso a cortar con todas sus fuerzas a la joven, mientras ella entraba en pánico al ver que aquel Grigori había despedazado la barrera de arboles gigantes donde lo tenia atado y que poco había hecho ella al querer alejarse.
Larius miraba sin poder hacer nada con sus manos apoyadas en la barrera y su madre no podía contener sus lágrimas que fluían por lo que estaba presenciando. Todo indicaba que la vida de la joven se apagaría en cualquier momento a causa de aquel ser, su vida estaba en riesgo mortal y ningunos de sus familiares podía hacer nada al respecto, más que sentirse impotentes frente toda aquel asedio siniestro.




